martes, 25 de mayo de 2010

Siete héroes a través del tiempo: influencias y adaptación de la narración épica de “Los Siete Samuráis” a los géneros cinematográficos modernos (III)

3. La reinvención de la narrativa épica: del western a la ciencia ficción.

a. Oriente contra occidente: “Érase una vez…Siete Magníficos”

Seis años después Hollywood se fijaría en la cinta de Kurosawa y haría su propia versión de la historia, “Los Siete Magníficos” (1960), un western que reunía a los actores más populares de por entonces, contando a la cabeza del reparto con Steve McQueen y el polifacético actor Yul Brynner.

Dirigida por John Sturges, responsable de “La Gran Evasión” (1962), “Los Siete Magníficos” trasladaba la epopeya sobre samuráis al oeste, pero manteniendo el mismo espíritu épico de la película de Akira, convirtiéndose en un referente aún mayor para toda una generación de espectadores y en una de las adaptaciones más fieles que se verían del relato de Kurosawa a lo largo de los años.

Esta vez, la banda de siete hombres tendrá que enfrentarse a un grupo de forajidos que siembra el terror en un pequeño pueblo de granjeros mexicanos. Sin embargo, el grupo de pistoleros aceptará enfrentarse a ellos no por dinero, sino por la oportunidad de volver a la acción, un paralelismo evidente con su “hermana” cinematográfica asiática.

Más grande que la original, “Los Siete Magníficos” ha terminado por convertirse en una cinta legendaria, hasta el punto de ser reconocida como uno de los mejores westerns de la historia –con el perdón de John Ford y Leone-, y crear una contribución clave al género, a la cultura cinematográfica y televisiva. Al igual que sucediera con Los Siete de Kurosawa, Los Magníficos de Sturges se convertiría en una de las apuestas cinematográficas más atrevidas de por entonces que dejaría una huella indiscutible en el los últimos años del Hollywood de la Edad de Oro y en el cine de aventuras.

A pesar de compartir varios ítems, la base común de estas dos historias sigue siendo la alteración de la estabilidad, sirviendo los héroes como forma para restaurar ese estado inicial de equilibrio alterado por el numeroso enemigo. En este caso, el cambio de género hacia el western gana además un cariz de discurso mítico, en parte por la visión idílica y romántica que el público espectador tenía y aún tiene del “cine de oeste” americano, y por ser considerada como último vestigio antes del desencanto imperante en la mitad de la década de 1960 y de 1970 con la llegada del cine hispano-italiano de vaqueros.

b. Revisando la fórmula: “Depredador”, McTiernan y la visión mítica en la literatura

Por entonces, a finales de los 60, la fórmula se abría a un sinfín de secuelas y adaptaciones, incluso “Los Siete Magníficos” sufrió en sus carnes -con tres entregas más- esta intentona de explotar la gallina de los huevos de oro que había sido la cinta de Sturges, rehaciendo el grupo y haciendo cabalgar a estos vaqueros una y otra vez, con Brynner sustituido por el actor Lee Van Cleef.

Después de terminar de escribir la última página de esta “magnífica” leyenda, se veía una oportunidad de tomar el relevo dejado por “Los Siete Magníficos”. Desde entonces se han hecho muchas versiones distintas en diversos géneros cinematográficos, como la ciencia ficción, el cine de artes marciales, o el thriller policiaco. El objetivo era el de “quemar” el argumento, llevar las adaptaciones a cualquier género en el que presumiblemente se pudiera encajar -más o menos- la historia original.

En el extenso despliegue de títulos con el asunto del “número 7” es de imaginar que la industria pensó que, contando con el éxito de “Los Siete Magníficos”, el filme podría ser condimentado y adaptado a otros marcos. Las revisiones más importantes de esta película, que mantienen la estructura narrativa básica, incluyen “Grupo Salvaje” (1969) de Sam Peckinpah, la india “Saat Hindustani” de 1969, “Beach of the War Gods” de 1973, “Battle Beyond the Stars” de 1980 (cuyo título se tradujo al español sabiamente como “Los siete magníficos del espacio”), “I seete Magnifici Gladiatori” (“Los siete gladiadores”, 1983), o “Mundo Salvaje”, dirigida por Lee Katzin en 1988.

No obstante, pese al vendaval de cine fueron muy pocas las que se podrían considerar como referentes –no por directos, sino por merecedores de su fama y etiqueta-, de los mismos logros que se adjudicaron en su momento a las cintas de Kurosawa y Sturges.

El retorno al tema, tras un largo periodo de sequía y parodias de cine caspa, serie b y z –sobre todo italiano-, habría que llevarse a cabo, cómo no, por las vías de Hollywood y el nuevo “hormonado” cine de acción, nacido con la aparición de la “musa” ArnoldAlois” Schwarzenegger. “Depredador” (1987) de John McTiernan puede considerarse como la evolución directa y lógica de la historia de Kurosawa, llena de violencia salvaje y nervio narrativo.

Lo que diferencia a “Depredador” de muchas otras copias surgidas a raíz del éxito de “Los Siete Magníficos” es que, al margen de preocuparse por aportar una escenografía “innovadora” –mejor dicho escenario- o por los estilos de moda, McTiernan se preocupo por contar una historia potente de aventuras. “Depredador” fue una de esas versiones elegidas del cuento heroico de Kurosawa capaz de electrificar la pantalla, de sorprender, emocionar, llevar al espectador al límite, y al mismo tiempo proponer un viaje sensorial, casi primitivo, que respetara la inteligencia del espectador.

Seguramente, “Depredador” no existiría si pocos meses antes no se hubiera estrenado “Aliens” (1986), una cinta que como muchos cinéfagos y expertos en cine proponen viene a ser como la madre de todo filme de guerra de ciencia ficción. Aquí nos encontramos, de nuevo, con un grupo de soldados –casualmente de nuevo siete- que, con la excusa de salvar a un supuesto ministro de una guerrilla sudamericana, terminan enfrentándose a un adversario formidable y desconocido, contra el que las tácticas de combate habituales nada pueden hacer, y que va a ir diezmándoles poco a poco, sin que logren encontrar una forma eficaz de defenderse.

En general, este relato de “criaturas del espacio exterior” y vuelta de tuerca a “Los Siete Samuráis” presume de un espíritu conciso y sincero sobre el cine de aventura. La génesis de la historia de John McTiernan es obvia. John y Jim Thomas, escritores del proyecto, cuentan que tenían una historia sobre una hermandad de cazadores que se enfrentaban a una alienígena de otro planeta, y McTiernan quería hacer una película de palomitas a la vieja usanza. La mezcla dio lugar a este conjunto explosivo que bebía muy directamente de la influencia cercana de “Los Siete Magníficos”.

McTiernan contaría años después la historia de otro grupo de guerreros –trece en total- destinados a enfrentarse contra una horda de criaturas conocidas como los “wendol” en “El Guerrero Nº13” (1999). La trama para la película era la misma leyenda del guerrero nórdico “Beowulf”, adaptando el relato creado por Michael Crichton para su novela “Devoradores de Cadáveres” (1976).

Siete héroes a través del tiempo: influencias y adaptación de la narración épica de “Los Siete Samuráis” a los géneros cinematográficos modernos (II)

2. Historia de un grupo de héroes a través del tiempo: Kurosawa y sus 7

a. Nivel del relato: temas, trama, contenido y ¡acción!

Cuando hablamos de “Los Siete Samuráis” nos retraemos inevitablemente a una época inocente en el que el cine de aventuras –aún demasiado occidentalizado- se limitaba a agradables, inocentes e ingenuas historias de capa y espada en las que el héroe de turno, a falta de una expresión mejor, “salvaba el día y conseguía a la chica”. Frente a las alocadas comedias de acción, puestas al servicio de héroes modernos como Errol Flynn o John Wayne, el cine asiático –más shakesperiano- echaba la vista atrás, buscando la esencia de los verdaderos guerreros y de su fatal destino.

Dirigida por el afamado y legendario Akira Kurosawa, “Los Siete Samuráis” definió un viejo modelo de acción narrativa que se mantendría durante décadas y que todavía influye en el cine moderno. El film resulta un exponente realmente épico y emocionante, especialmente considerando que fue filmado en 1954, casi 20 años antes de que realizadores como Sergio Leone o Stanley Kubrick –por mencionar dos de peso y uno por continente- se plantearan realizar sus epopeyas crepusculares y otros péplums cinematográficos.

Los temas que se tratan en “Los Siete Samuráis” van más allá de la propia definición del héroe y tocan la estructura de clases, el código de honor, la fatalidad de la guerra, el legado militar japonés y del honorable samurái…Este bagaje cultural-histórico con el que juega la trama –y plasmado a través de sus personajes- encuentra su razón de ser en el pesimista sentimiento del país oriental en aquellos años. Durante los tempranos 50, Japón se recuperaba a duras penas de la derrota contra Norteamérica y sus aliados. Era un tiempo durante el cual el país comenzaba a revaluarse su sociedad, sus metas y el papel de unos héroes caídos que gritaron “¡banzai!” más fuerte que nunca. Y más relevante, dudaban sobre el papel que jugarían los japoneses como individuos en el futuro, y sobre si el honor tradicional perdido podría recuperarse.

Kurosawa dibuja con su película “histórica” el telón amargo de la realidad japonesa de entonces, pero también la plantea con la pretensión y el espíritu de crear como cineasta una película amplia, espectacular, a una escala de acción y aventuras épicas, donde, a pesar de todo, abunden los temas y la exploración filosófica de la mitología de la guerra, la condición humana y del “regreso del héroe”.

La trama de la película ahonda en la temática propuesta, construyendo no sólo una obra épica llena de acción, sino también de emotividad e ironía. “Los Siete Samuráis” comienza con una aldea de campesinos indefensos que se ve repetidamente atacada y saqueada por una banda de envalentonados forajidos. Aconsejados por el anciano patriarca de la aldea, acuden a la ciudad con el propósito de contratar a un grupo de samuráis que los protejan y defiendan. Pese a que el único salario son comida y techo, varios samuráis se sumarán uno a uno al singular grupo.

b. Adaptación del relato, estructuras narrativas y arquetipos de personajes

El cimiento de “Los Siete Samuráisse encuentra por supuesto en la tragedia clásica griega de Esquilo sobre la ocupación de la ciudad de Tebas y la entereza contra sus enemigos. Sin embargo, el desarrollo de esta historia tiene una aspiración mayor que la de ofrecer una exagerada historia de resistencias imposibles. El relato se orienta y adapta narrativamente hacia una reflexión más profunda sobre el valor del honor, de la valentía y sobre todo de la amistad, más que el simple testimonio de la historia clásica griega o del recuerdo de grandes héroes de la antigüedad.

Tras el éxito de “Rashomon” (1950), Kurosawa se puso manos a la obra con una de las producciones más ambiciosas de toda su carrera. “Los Siete Samuráis” aparecía encapsulada dentro la mencionada tragedia, aunque Kurosawa tejía sobre ella la evocación de la ancestral cultura japonesa –la suya propia- y su pasión por las tragedias occidentales. Sin duda, esa misma fórmula sería inconscientemente utilizada mucho tiempo después por realizadores que usarían también el esquema de la tragedia de Esquilo o de William Shakespeare para construir sus relatos, como por ejemplo “La Guerra de las Galaxias” (1977). Además, el pasado de Kurosawa como pintor influyó decisivamente en su habilidad para componer la planificación de la película.

Imitando las formas de teatro y dramaturgia japonesa como el kabuki, aunque más influenciado por la tragedia griega que se compone en diferentes niveles y reacciones (una coral de fondo, personajes en primer plano…), Kurosawa da a su película un estilo vigoroso y lleno de ritmo donde la realización –a caballo entre la composición teatral tradicional y lo cinematográfico- apuesta por dar a la acción y a la narratividad una gran trascendencia.

Para el desarrollo de la película, el director asiático establece una estructura narrativa causal y especialmente dramática, sustentada en una estricta lógica de causa-efecto a partir del momentáneo acto de valentía de los aldeanos, el cual generará una serie de consecuencias fatales sobre el pueblo y sobre los samuráis. Sin duda, los tópicos de la historia, más cercanos al teatro que al género cinematográfico, normalizan la forma de narrar y estructura de la película, estableciendo sencillamente un conjunto de convencionalismos para que la cinta sea entendida fácilmente por el espectador: la división en tres actos que se plantea, el desarrollo lineal sin complicados montajes, o, sobre todo, la caracterización exagerada y relieve que se da a los personajes.

Todos los personajes principales representan un arquetípico modelo o un atípico rol social. Sus protagonistas (aldeanos y samuráis) asumen una máscara, una identidad muy asociada a su papel en la historia, comportándose precisamente como se espera, moviéndose entre extremos y representando la debilidad exagerada o la fortaleza consumada. Kurosawa da además a sus samuráis unos caracteres muy concretos y definidos, describiendo a unos protagonistas con un origen común –haber caído desde la gracia-, pero con sus propias motivaciones y personalidades.

El más poderoso y desconcertante personaje de los siete es Kikuchiyo, un joven campesino convertido en un samurái iracundo, orgulloso y bufonesco encarnado por el favorito de Kurosawa, Toshiro Mifune. Por contra tenemos al maestro, el siempre habitual de Kurosawa, Takashi Shimura que interpreta a Kanbei, el líder de los siete. Es el más calmado, de carácter sobrio y parco en palabras, personificando la experiencia y la sabiduría en el grupo. Más tarde, durante la segunda parte de la película, se profundiza en la identidad de los miembros del grupo y en sus relaciones de camaradería dentro del grupo y con los habitantes de la aldea.

lunes, 24 de mayo de 2010

Siete héroes a través del tiempo: influencias y adaptación de la narración épica de “Los Siete Samuráis” a los géneros cinematográficos modernos (I)

Introducción: mito, leyenda y ficción. El héroe en la tradición europea y clásica

a. La senda de la sangre y del honor: la concepción del héroe

La antigua poesía popular tiene un carácter nítidamente épico. El contenido principal de las antiguas leyendas en torno a míticos héroes griegos, europeos y de todo el mundo lleva en su espíritu el recuerdo de las migraciones de los pueblos, el enfrentamiento entre tribus y la lucha por el territorio. Mucho tiempo después la Edad Media crearía de esos temas las grandes epopeyas populares, que ahora nos dibujan un mundo lleno de héroes y de acciones heroicas, y de palabras como “fraternidad”, “liderazgo” o “sacrificio”. Es de lo profundo de esas viejas poesías y relatos donde emerge la moderna concepción del héroe, recuerdo de su oxidada mitología y origen.

Lo que podríamos bautizar perfectamente como canciones y baladas épicas llevan siglos narrando aventuras y hazañas heroicas con algo de real, historias que han visto como sus hechos históricos se transformaban en acciones legendarias llenas de violencia, y dónde los héroes protagonistas iniciaban un camino marcado por la búsqueda de gloria o de redención.

Durante siglos estos “superhombres”, estos líderes natos, se han ido transformando hasta dibujar una concepción del guerrero que se mueve hábilmente entre la de héroe y antihéroe en función de cada época. Los hemos visto seguir la senda de la sangre y del honor, aceptar la muerte por el deber de lo justo, pero también moverse por la venganza y la satisfacción personal. Los héroes son y se han creado siempre según el modelo ideal de cada comunidad, de cada época y lugar. Así es como el cine, nuestro poemario moderno, mantiene la ilustración acerca de los trágicos destinos de héroes, reyes y pueblos enteros, ahora mezclando sucesos posibles e imposibles con la fantasía y tradición cultural de tiempos pasados.

b. Historia y tradición europea

Si estudiamos con detalle nuestra tradición occidental casi siempre hay un héroe investido con rango de caballero que logra liberar a la población del mal en compañía de iguales. Sin lugar a dudas, nuestra aproximación más romántica a ese legado sería la de El Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, o el propio San Jorge.

La mirada a estas leyendas medievales (de las que se conservan ya muy pocas) logra enfrentar los ritos paganos con la creciente adaptación popular. La batalla de San Jorge contra el dragón, o la propia leyenda artúrica, son alegorías modernas de un héroe que nacía en las frías tierras de Escandinavia, un guerrero germánico llamado “Beowulf”.

En el caso de Beowulf, la fábula que se nos cuenta en los manuscritos que contienen el relato pudo haber sido creado para personificar a un héroe tradicional que de hecho existió, pese a los hechos fantásticos que se narran. Sus personajes –a mencionar la familia real danesa y los príncipes suecos en la última parte- son conocidos tanto en la historia, como en la leyenda.

El trágico viaje de este héroe anglosajón parecería únicamente un poema heroico germano más bien explotado por la industria literaria y cinematográfica, pero su papel en la definición del héroe y del tema que nos ocupa es más importante de lo que pensamos. Como relato contiene y exalta ideales heroicos muy arraigados en la ficción moderna, con fuentes que pueden encontrarse en elementos legendarios históricos y homéricos, y, sobre todo, en el bestiario germánico, la cultura popular y el folclore cristiano.

La historia consta de dos partes. En la primera, Hrothgar, rey de los daneses, sufre desde hace doce inviernos los ataques del Grendel, un monstruo de las ciénagas, un gigante de apariencia humana descendiente de Caín. En ese “demonio” distinguimos la representación cristiana del maligno y también el peso que por entonces jugaba la presencia de la alianza cristiana y misionera en esas tierras.

En la primera parte del relato es donde encontramos el primer gran referente que imitarán las futuras adaptaciones del cuento: la formación y destino del grupo de héroes. Beowulf, protagonista del poema que tenía en sus brazos la fuerza de 30 hombres, tomó a quince de los mejores guerreros y partió al país de los Seyldos, en Dinamarca. Una vez en el palacio de Hrothgar espera a Grendel, desarmado y desnudo, momento en el que aparece el monstruo y devora a uno de sus hombres. Beowulf aferra al monstruo con tal fuerza que tras un grito espantoso, pierde un brazo y huye a la espesura, muriendo en su caverna. El miembro es un trofeo para el héroe y todo es alegría en la ciudad. Pero la madre de Grendel-un terrible monstruo femenino- se dispone a vengar la muerte de su hijo, raptando al vasallo del rey Hrothgar.

Beowulf y su compañero Rogar siguen el rastro dejado por la sangre y matan a la criatura. Este aparente triunfo, iniciará un trágico desenlace para Beowulf durante la segunda parte, muriendo como héroe envenenado por la mordedura de un dragón que asola su reino y recordándonos lo popular del fervor trágico en las historias épicas.

c. Esquilo y la tragedia clásica griega

La aportación más directa quizás a los terrenos de la narración épica cinematográfica y el primer acercamiento al estudio de “Los Siete Samuráis” de Kurosawa la encontramos en el mito griego de la casa de Layos. Su origen, la maldición por el pecado de Edipo, desarrolla una cadena de maleficios sobre la ciudad de Tebas que se hereda generación tras generación. Layos, padre de Edipo, no logró mantener la integridad de Tebas. Esta falla traería a los tebanos, y especialmente a los descendientes de la casa de Layos, una maldición que exigía ser exorcizada. Tal purificación requería una cura radical, un enfrentamiento descarnado con el espíritu del mal.

Polinices, descendiente de la casa de Layos, se erige en ese héroe que se brinda al holocausto como víctima propiciatoria –de nuevo el tema del sacrificio heroico- para liberar a Tebas de su maleficio. Pero tal sacrificio requiere una lucha moral y encarnizada contra su propio hermano Etéocles, que se autonombra heredero de la tradición paterna.

Esquilo reuniría parte de la historia de Tebas en diferentes cantos trágicos. El más popular, “Los Siete contra Tebas” (472 a.c.), hace época frente a las desventuras literarias de tipo antiguo. A pesar de resultar arcaica y ser narrada por medio de escenas inconexas, manifiesta una gran imaginación.

A la muerte de Edipo, rey de Tebas, heredan el trono sus hijos Etéocles y Polinices. Acuerdan turnarse cada año, pero Etéocles se niega a cedérselo a su hermano cuando le corresponde. Polinices, refugiado en Argos, viene a conquistar la ciudad con ayuda de los jefes argivos. Son con él siete en total, que atacarán cada una de las siete puertas de Tebas, de ahí el título de la obra. En la séptima puerta se enfrentarán los dos hermanos, Etéocles y Polinices. El planteamiento del coro, como en cualquier obra trágica griega, se concibe con un sentido, el mismo que el que dibuja el relato. Se introduce el lamento por piedad de las mujeres de la ciudad sitiada con respecto al que no merece ser desagraciado (el héroe) y el terror trágico frente a su destino ya imaginado.

Resulta especialmente interesante ver como en el marco del teatro griego, el mal no aparece como potencia de igual rango que el bien, sino como una fuerza insuperable que busca anticipar, por la imposibilidad del triunfo, la idea del fracaso en el héroe cuando los siete jefes militares se enfrentan con sus ejércitos a las siete puertas impenetrables de la ciudad. A diferencia de Beowulf, Polinices es un hombre más, sin méritos de experto guerrero ni características pseudodivinas, pero si una gran inteligencia.

Esquilo plantea el problema del héroe modélico en el centro de la acción, del enfrentamiento y del mismo grupo de guerreros que combate al enemigo común. Polinices se yergue como el protagonista indiscutible que cae vencido, pero sin que su valor guerrero, ni mucho menos su carácter, sean la fuente de su tragedia, sino como último resultado de la maldición que pesa sobre su real familia y sobre el concepto trágico ligado siempre al héroe.

Aún así, Esquilo no hace de Polinices un mero juguete del destino; la autoconciencia del héroe se realiza y se encamina hacia el fin por propia determinación, aunque sea marcado por los poderes que vienen de lo alto. Él sabe que si no libra la batalla contra su hermano, Etéocles, la ciudad será esclavizada. No vacila y acepta su propia muerte.

sábado, 22 de mayo de 2010

"Conan"


En memoria de Frank Frazetta.

domingo, 16 de mayo de 2010

Ronnie James Dio ha fallecido...Un 16 de mayo triste

Lo que había empezado entre risas y bromas como "eh, es un rumor" se ha confirmado. Nos deja uno de los grandes del rock duro. Larga vida a Dio. Ride the tiger.

jueves, 13 de mayo de 2010

"Gracias por ayudarme con los pezones, ojos"

Dibujando



Se me da fatal dibujar mujeres...Debe ser por falta de modelos. Tengo que practicar. ¿Dibujo chicas con caderas anchas? Bueno, yo las dibujo como me gustan...a Frazetta nadie le dijo nada.