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viernes, 12 de agosto de 2011

Crítica pendiente: 'Green Lantern', muy verde

Hoy en día son pocas las apuestas cinematográficas del otro lado del charco que no están basadas en algún poderoso superhéroe, todos dispuestos a reventar la taquilla. Han pasado 11 años desde que el 'X-Men' (2000) de Bryan Singer reportara a Twenty Century Fox casi 300 millones de dólares, y desde entonces no es extraño que cada año lleguen una o dos superproducciones basadas en material de la Marvel o DC, a turnos. Este año ambas apuestan por compartir y pelearse con la cartelera.

Las dos eternas editoriales rivales en el cómic, ahora lo son también en el cine. Y es que mientras Marvel se hace de oro con sus últimas 'X-Men: Primera Generación', 'Thor' y 'Capitán América', DC arriesga (y mucho) con uno de sus más épicos personajes, Green Lantern.

La alianza Marvel-Disney, aunque nos siga resultando un tanto extraña y peligrosa esa mezcla, ha conseguido llevar con éxito la mayoría de sus proyectos para el cine, mientras que DC lleva mucho tiempo exprimiendo y extirando a sus dos héroes más emblemáticos, Batman y Superman. Nolan pondrá punto y final a lo que empezó con 'Batman Begins' en unos meses, y Zack Snyder se ha hecho cargo de la dirección en el reboot de Superman, después de la malograda 'Superman Returns'; un intento por recoger el testigo que deja nuestro cruzado de la capa favorito.

Pero seamos justos, el hueco se podría llenar fácilmente. La galería de personajes de DC es sobradamente igual o más interesante que la de Marvel, así que la noticia de un Linterna Verde en el cine sorprende y entusiasma a cualquiera. ¿Y qué ha pasado para que todas las taquillas y espectadores a lo largo y ancho del mundo se hayan puesto en su contra? Lo tenía todo: una historia épica, tres de los mejores villanos que han aparecido en su serie, y a Ryan Reynolds para lucir abdominales con los que contentar a las novias de turno. Con esas cartas de presentación, un fantástico trailer, y unos efectos especiales "de aupa" que aseguraban que la adaptación iba a estar a la altura de nuestra imaginación, ¿qué es lo que ha fallado? Pues, sinceramente, todo.

La historia es corta. La criatura Parallax, encerrada por Abin Sur (Temuera Robinson), escapa Dios sabe cómo y ataca a Abin, que malherido se dirige hacia el planeta habitado más cercano, la Tierra. Allí, entrega su anillo al humano Hal Jordan, aquel que no muestra miedo, un piloto de cazas con un pasado tormentoso (o eso nos hacen creer) y, por cierto, con mucha familia.

Hal, descubre los infinitos poderes del anillo (movido por la voluntad de su portador) y se convierte en un miembro más de las Green Lantern Corps, los guardianes del espacio que velan cual policía intergaláctica por la seguridad del universo. Y punto. Un prólogo interesante, y la catástrofe e la siguiente hora y tres cuartos.

'Green Lantern' no es sólo un fracaso de taquilla, es una decepción personal, un cierre bastante trágico para la posibilidad de ver a todos los grandes héroes de DC en la gran pantalla y ante todo, una película horriblemente mal resuelta. Incluso la mayor apuesta de la película, sus efectos especiales, dejan un sabor agridulce. Algo no termina de funcionar en ese traje completamente generado por ordenador...Aunque hay que aplaudir el imaginario que han conseguido plasmar del planeta Oa. Una tarea titánica la de representar a todos los guardianes. Pero ahí se quedan todos sus logros.

El ritmo y el cuidado con que Martin Campbell había tomado la dirección en dos de sus más grandes y recordados trabajos ('Goldeneye' y 'Casino Royale') brilla por su ausencia, dándonos un producto insulso, aburrido y falto de cualquier chispa de interés. Campbell dirige con desgana al superhéroe verde y trata de vender una historia que intenta copiar sin ninguna sutileza ni éxito el tono socarrón y desenfadado de 'Iron Man'. Ryan pone al servicio de Campbell su encanto y habilidades para la comedia para convertirse en la versión descarada de Tony Stark, pero las comparaciones son odiosas, muy odiosas. Hal no es Tony, ni queríamos que intentara serlo.

El resto del reparto está ahí, a veces llevándose las manos a la cabeza y pensando para sus adentros “¿qué hago aquí?. Blake Lively cuela y muy bien como Carol Ferris, mientras que los dos grandes villanos interpretados por Peter Sarsgaard y Mark Strong (Hector Hammond y Sinestro respectivamente) se limitan a estar ahí, desperdiciando talento y haciendo que la trama avance a golpes hasta el enfrentamiento final de Hal con Parallax, una criatura alimentada por la energía amarilla, el miedo.

El auténtico culpable es el guión a cuatro manos de Berlanti, Green, Guggenheim y Goldenberg que utiliza con demasiado entusiasmo la historia y mitología de los Green Lantern Corps, pero que termina llevando a la práctica el viejo refrán de “El que mucho abarca, poco aprieta”. El pastiche escrito resulta en un montaje confuso, acelerado y que desperdicia de una forma absurda cualquier oportunidad de contar una gran historia. Green Lantern, el cómic, es épico, oscuro, emocionante y divertido. Pura imaginación.

Con 200 millones de inversión, Green Lantern lleva recaudados 150 (dólar arriba, dólar abajo). Sed listos, tened un poco de miedo y algo de voluntad, y no vayáis a verla. Y si de verdad os interesa lo que debió ser y no fue, echad un ojo a la cinta de animación 'Green Lantern: First Flight' o a su secuela, 'Caballeros Esmeralda'.

P.d.: La crítica apuntaba a hacer algún chascarrillo con el título. Era eso o "Verde, que no te quiero verde"

jueves, 5 de mayo de 2011

Trailer de 'Conan, The Barbarian' (2011) de Marcus Nispel



Pasaos además por Screenrant.com para echarle un ojo a los nuevos trailers individuales de 'X-Men: First Class' que nos presentan a Banshee, Bestia y Kaos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

'Captain America: The First Avenger'


Parece que 'Captain America: The First Avenger' está últimamente hasta en la sopa. Hace un par de meses nos quejábamos de las pocas novedades que pululaban por la red, pero estos días Marvel se ha sacado de la manga un renovado catálogo de clips con escenas de la película. Eso sí, duran un suspiro (apenas los 7 segundos).

Marvel comunicaba a sus seguidores en Twitter vía Tweetdeck el lanzamiento del anterior trailer. Lo bueno de tener a la meca del cómic en las redes sociales y de acostarse tarde es que te enteras de estas cosillas.

¿Os van entrando ganas de ver a Steve Rogers? Personalmente, lo que más me pica la curiosidad es ver lo mal o bien que les ha quedado ese Chris Evans puber y pequeñajo con la cara del actor pegada.

El 22 de junio llega a los cines estadounidenses. En España, nos tocará esperar al 5 de agosto.

sábado, 12 de marzo de 2011

Teaser trailer de 'Conan: The Barbarian'



Fue pedirlo hace un par de días cuando descubríamos el genial póster en movimiento de "Conan: The Barbarian" y tener por fin delante el primer trailer. Aunque no enseña especialmente demasiado, por no decir más bien poco, es una buena señal para que dentro de pocas semanas podamos ver algo más del bárbaro interpretado esta vez por Jason Momoa, y acompañado del siempre carismático Ron "Hellboy" Perlman (¡Penitenciagite!) y la exhuberante Rachel Nichols que perfectamente podría haber llegado a encarnar a una Red Sonja como Crom manda, pero que se queda con un papel menor, Tamara.
¿Qué pensáis del proyecto a estas alturas? ¿Ganas de recorrer la vieja o la nueva Zamora?
El 19 de agosto fecha de estreno en salas convencionales y en 3D.

jueves, 3 de marzo de 2011

¡'Conan, The Barbarian' Póster en 3D!



Un gran y elegante homenaje al famoso y sempiterno Conan de Frank Frazetta. El "Conan" de Marcus Nispel va ganándose poco a poco la confianza de los que nos teníamos un mal y oportuno remake de la cinta de John Milius. Por suerte para todos, se ha tomado una dirección muy distinta para la ocasión con la adaptación de las historias del personaje literario y de cómics. Un Conan más atlético, joven y depilado que intentará ganarse la taquilla a golpe de hacha, y de paso nuestros melancólicos corazones ochenteros enamorados de la forma en la que Arnold maldecía con sus "Crom".

El estreno sigue pensado para el 2011, y sí o sí, en 3D. Así que contad con decenas de espadas, salpicaduras y músculos varios lanzándose contra los espectadores. Por ahora nos tenemos que conformar con las imágenes que circulan por la web (algo desperanzadoras en su día y ahora algo más interesantes) y con este fabuloso poster. Para no cansarse de verlo.

Escuchando la musiquilla, ¿no os pica la curiosidad de oír la nueva banda sonora que nos tienen preparada? En su día fue el magistral Basil Poledouris el que puso sonido a las épicas aventuras del bárbaro de Robert E. Howard. Difícil para superarle.

lunes, 7 de febrero de 2011

viernes, 14 de enero de 2011

Nueva foto de 'Captain America: The First Avenger'



Horas atrás aparecía por la red, y gracias a Entertainment Weekly, esta impresionante nueva imagen de Chris Evans luciendo el traje de Capitán América. Los que estábamos un poco más escépticos del toque "steampunk" que parecía ir teniendo la nueva producción de la "Casa de las Ideas" (aka Marvel) ya podemos respirar tranquilos. Ver que el segundo uniforme que llevará "el capi" durante la película se acerca o se inspira de nuevo en el estilo de la línea Ultimate es todo un consuelo. Incluso a algunos nos puede recordar ese mítico casco con las clásicas alitas al mismo que ha aparecido en muchos de los números de Los Nuevos Invasores.
Detrás, soldados de Hydra, la organización de Red Skull. Curiosos cuanto menos.

El goteo de imágenes ya nos ha enseñado a Johann Schmidt/Red Skull (Hugo Weaving) sujetando el cubo cósmico y algunos nuevos diseños. Nos falta una imagen definida de Red Skull. No queremos más borrones, ni dibujos, ni contraluces.

Con todo esto se me ha antojado dibujar/rediseñar un poco a Steve y su uniforme. Otros que se han apuntado a lo de apañar trajes son el equipo del reboot de Spiderman.


sábado, 11 de diciembre de 2010

¡Primer trailer de 'Thor'!



Hasta que arregle el tema del tamaño del vídeo, podéis verlo en gran calidad en este link.

sábado, 25 de septiembre de 2010

¡Uno, dos, tres, cuatro! ¡Trailer de 'Scott Pilgrim contra el mundo' en castellano!

¿Qué aún no conoces a Scott Pilgrim?

miércoles, 25 de agosto de 2010

In memoriam...Satoshi Kon (1963-2010)


Por un artista que sabía cómo hacernos soñar de verdad.

martes, 1 de junio de 2010

Legado del Nuevo Hollywood sobre la guerra de Vietnam: Análisis semiótico de “Easy Rider: Buscando mi destino” y “Apocalypse Now” (II)

4. Elementos de producción:

a. El emisor.

Tanto en el caso de “Easy Rider” como en el de “Apocalypse Now”, el emisor o emisores del mensaje serían los propios directores, entendiendo por mensaje tanto la película, como la imagen que se proyecta de la sociedad o del conflicto. Independientemente de que los directores, aún siendo emisores constantes, parten de un guión escrito o plasmado por terceros, Dennis Hooper y Francis Ford Coppola aportan a sus cintas una estética y estructura muy personal que convierte ese mensaje original (el del guión o borrador) en uno propio, distinto y derivado. Por ejemplo, el objetivo de Coppola como emisor y cineasta es crear una película amplia, espectacular, a una escala de acción y aventuras épicas, donde, a pesar de todo, abunden los temas y la exploración filosófica de la mitología de la guerra y la condición humana, algo que el guión tocaba muy de lado.

Al tratarse de una ficción protagonizada por personajes, cabe distinguir entre los emisores reales; es decir, los directores que transmiten el mensaje en un soporte audiovisual, y los emisores imaginarios o protagonistas de la película que guían la reflexión del espectador (en el caso de “Apocalypse Now” con ese monólogo o discurso del Capitán Willard) o sugieren el mensaje. Habría que señalar que en “Easy Rider” emisor real e imaginario se entrecruzan ya que, al margen de la ficción ya mencionada de la cinta, los personajes de Billy (Hooper) y Wyatt/Capitán América (Fonda) se tratan de una extensión de ellos mismos, por tanto se adjudican los roles de emisor a los actores, directores y guionistas al tratarse de los mismos.

Para elaborar el mensaje en cada película, el emisor utiliza las unidades de sentido disponibles y con las que cuenta, especialmente aquellas relacionadas con la creación, montaje, edición audiovisual y otras estructuras narrativas. Estas unidades de sentido se combinarían hábilmente con las propias del reparto o de otros participantes (compositores de música, iluminación, caracterización…) para crear el mensaje.

b. Códigos y subcódigos

En lo que atiende a los códigos utilizados, teniendo en cuenta que se trata de un soporte audiovisual, se debe hacer una distinción entre los sistemas verbales y sistemas no verbales. En lo que al sistema verbal se refiere, el código principal utilizado para ambas películas es el propio lenguaje y diálogo, aunque sin prestar especial atención a si el idioma durante su visionado es el castellano o el inglés. Respecto al sistema no verbal, el código general es el propio del lenguaje audiovisual y cinematográfico: dirección, edición, montaje, vestuario, guión, etc.

De acuerdo a sus funciones, se distinguiría entre la utilización de códigos estéticos y códigos sociales. El primero, el código estético, nos encamina directamente a que los emisores planteen cierta ambigüedad de significados con sus películas. Mientras que Hooper apuesta por lo surrealista, bebiendo incluso de momentos cercanos a las performance artísticas o al documental a través del uso de recursos como las pantallas partidas, los filtros o el montaje caótico, Coppola apuesta por la sobriedad, por lo pausado, y por la narración concisa y entendible.

Entre los códigos generales comunes que podemos encontrar entre ambas películas se puede aludir a: las expresiones lingüísticas y unidades culturales propias que se utilizan y con las que se juega, la manifestación del fracaso, de la desorientación (tanto la provocada por las drogas, como por el sentimiento de pesimismo y malestar), de la búsqueda de libertad y de la muerte. El propio género (pseudo documental o de road movie en “Easy Rider” y de ficción dramática-bélica de “Apocalypse Now”), junto con el código musical y la elaboración y retrato de sus personajes protagonistas, ejercerían un papel vital en la comprensión, transmisión de los mensajes y significado dado por los emisores. Los personajes forman parte relevante del código de la película.

El subcódigo más importante, dentro de ese análisis de las dos películas, sería el propiamente ideológico y personal. La ideología de cada director, como persona, cineasta y americano, aparece en primera instancia como residuo extra-semiótico que determina el planteamiento de la película. El aspecto ideológico conforma una cadena connotativa con diferentes atribuciones de valor. Hooper demuestra su inconformismo y rebeldía contra el pensamiento tradicional americano, trasladándolo a “Easy Rider”; por otro lado, Coppola demuestra su pasión por la guerra, por las grandes historias que mezclan el patriotismo con el deber obligado, y también por adentrarse en el pensamiento humano y el “regreso del guerrero”.

El mundo de las drogas también supone un importante código (como tema) y subcódigo (por la lectura que se pretende dar por parte de cada emisor). En “Apocalypse Now”, tanto el guionista John Milius como Coppola, veían la adicción a las drogas del ejército norteamericano como una de las causas fundamentales de la capitulación final en Vietnam, algo que quisieron representar y dar a conocer en la película. Sin embargo, Hooper, como ya declaró, quiso dejar ver que las drogas era una forma de luchar contra la desesperación de una sociedad que se veía a pique, una forma de luchar a su manera contra “el Vietnam” con el que despertaba cada día.

c. Mensaje significante

Al tratarse de un formato audiovisual se debe distinguir en primer lugar entre el sistema verbal y el sistema no verbal utilizado dentro del código de las dos películas.

Atendiendo al sistema verbal, el mensaje significante es todo lo que se emite mediante palabras; es decir, tanto el diálogo como quizás la propia letra de las canciones que conforman la banda sonora. En el caso de los diálogos de “Easy Rider”, estos se emplean escuetamente, con mínimas intervenciones para cada personaje y que sirven para expresar su pensamiento, obsesiones o metas, apoyándose más como veremos en el sistema no verbal; es decir, en otros recursos ajenos a la interacción verbal entre personajes para guiar la historia. La misma caracterización de la figura de los protagonistas (como dos cowboys clásicos de sombrero y pañuelo) participan del mensaje significante. Por el contrario, “Apocalypse Now” da mucha mayor importancia al sistema verbal, sobre todo a través del monólogo narrativo (casi como un narrador omnisciente), de las expresiones y del estilo propio al hablar de cada personaje con el que se encuentra Willard y que reflejan la conducta de cada uno.

Respecto al sistema no verbal, el mensaje significante emitido por cada película es muy amplio, precisamente por tratarse de dos formatos de larga duración. En este sentido, el papel de “Easy Rider” y de “Apocalypse Now” en el campo de la comunicación no verbal viene creado por diferentes aspectos, muchos de ellos vinculados a la capacidad interpretativa del reparto. Por ejemplo, los ojos abiertos y la mínima expresión gestual del personaje de Willard (“Apocalypse Now”) reflejan su actitud nerviosa y reflexiva, poniendo siempre en duda las acciones que suceden en su entorno. Estos gestos se mezclan con los característicos del actor Martin Sheen, muy ávido a los gestos rápidos, mantener la boca abierta o arrugar la frente. Mientras que Fonda y Hopper en “Easy Rider” se mueven entre su actitud alegre y depresiva-espiritual al consumir drogas, haciendo que sus gestos y movimientos pasen de vertiginosos a más pausados.

El color y las propias localizaciones de cada película jugarían también un papel vital en el mensaje significante. Temas como la iluminación, el escenario y el cromatismo se utilizan para reforzar el sentido y significado del mensaje. “Easy Rider” nos ofrece unos paisajes coloridos y cálidos, típicos de la geografía norteña de América, que refuerzan el mensaje positivo y de libertad de la primera parte. A medida que avanza la acción, y el pesimismo, los problemas, las dudas y los efectos de la droga se adueñan de los personajes principales, los colores pasan a ser más fríos y oscuros. “Apocalypse Now” también seguiría este proceso: al acercarse Willard a su destino, los escenarios se vuelven más siniestros y oscuros, más salvajes.

Francis Ford Coppola, en una de sus conversaciones con el actor Marlon Brando, aclaró en definitiva lo que significaba “Apocalypse Now”: “Y nuestros chicos, que empezaron como unos niños maravillosos, inocentes, guapos, de diecinueve años y todo eso, al final de la película, justo antes de que lleguen a encontrarse con Kurtz, parecen salvajes”. Con esa idea, los dos directores juegan con las gamas y tonalidades. Para reforzar esa idea, la película de “Apocalypse Now” se compone de cuatro unidades o elementos básicos que van cambiando a medida que se desarrolla la cinta: fuego (bombardeos con colores cálidos), agua (la playa y el río con tonos azules), aire (el viento de los helicópteros y el monzón) y tierra (barro, agujeros, cráteres de bombas, follaje verde oscuro, interiores con poca luz que nos recuerdan a cavernas y tumbas…).

Por otra parte, la música también forma una parte importante del mensaje significante. Aunque la música no habla por sí sola, hay que entenderla junto a su marco; es decir, las imágenes que la acompañan. En la secuencia de arranque de “Easy Rider”, John Kay y su grupo Steppenwolf acompañan el ruido de las motocicletas con el tema “Born to Be Wild”. La canción, con una letra que mezcla el mensaje antibelicoso (“Take the world in a love embrace”) y de apología de las drogas (“I like smoke and lightning”), se asociaría desde entonces al estilo motero, reflejando además el modo de vida despreocupado –ajeno a la guerra y a lo establecido- de estos dos buscavidas de los que nos habla la película.

Frente a esta canción, a la que podríamos denominar como una especie de “subidón”, nos encontramos con “The End” de The Doors, un sonido distante y gélido que se mezcla con el montaje brillante que nos acerca a la torturada mente de un soldado americano. Es el primer contacto con la “sensación LSD” de Vietnam, del torturado recuerdo de las drogas en el campo de batalla. Coppola abre su película con la imagen de una jungla verde que pronto empieza a arder. Los horrores de la guerra se disuelven con la cara de Willard, aún bajo los últimos efectos narcotizantes de la droga. Su pesimista mensaje, hablando de “el fin de nuestros elaborados planes y de todo lo que levantamos”, nos transmite el fracaso de una guerra que América veía como ganada de antemano, pero también de la pérdida de la esperanza y júbilo de sus soldados y de todos los americanos.

Así, el mensaje producido se erige en una materia significante, investida de sentido. Los agentes presentes en el proceso de comunicación nos presentan una forma significante “cargada” de significaciones que después podremos interpretar como destinatarios.

d. Elementos extrasemióticos: Circunstancias

Sin ninguna duda, las circunstancias en las que el emisor pronuncia el mensaje cobran un especial significado, especialmente cuando resultan ser la causa de su creación. El mensaje construido por ambas películas tiene su origen en los planteamientos que se comenzaban a dar en los círculos de la contracultura americana, los cuales sugerían un moderno “modo de hacer” para las películas del “Nuevo Hollywood”. Es por eso que las circunstancias de “Easy Rider”, más que verlas dentro de la historia sobre Estados Unidos y su autodestrucción, hay que hacerlo dentro del cine que se venía haciendo desde hace años. Como en “Bonnie y Clyde” (1967), los héroes malditos de “Easy Rider” tienen un final atroz, expiran en un estallido de violencia el cual nos recuerda irremediablemente al desastre americano en Vietnam.

“Easy Rider” se entiende dentro del cambio cultural de la época. El viaje es un pretexto para mostrarnos la sociedad americana de los sesenta, con sus anhelos de ruptura, sus valores más conservadores, su racismo, la eterna discrepancia entre el campo y la ciudad y, especialmente, su sempiterna intolerancia. Y también el mundo pacifista, de descubrimiento sexual y espiritual, que conjuraba su horror hacia Vietnam a cobijo del LSD o la cocaína, muy popular por entonces. Además, la cocaína –que es el material con el que trafican los protagonistas- fue elegida por Hooper por una razón: “Elegí la cocaína porque era la droga de los reyes”. Frente a la heroína que por entonces tenía connotaciones más desagradables que otro tipo de drogas.

Tras su estreno, “Easy Rider” dejó anonadada a la contracultura, que se reconoció totalmente en la historia y sus personajes. “Easy Rider” compartía la rabia idílica de “Bonnie y Clyde” respecto de la autoridad en general y de los padres en particular, un sentimiento muy patente en la secuencia del cementerio. Pero también cierta oscuridad, cierta premonición del desastre que se cernía sobre los bordes de la historia de América.

El Hollywood clásico, de historias sencillas, románticas, patrióticas, era el Vietcong de Beberly Hills para la Nueva Ola Americana de cineastas.

El contexto de “Apocaypse Now” arrastra también el contexto social y cultural de finales de los sesenta, de protesta social, política (recordemos que el escándalo Watergate sucedió tan sólo tres años antes del comienzo de la pre-producción) y de revolución cinematográfica. La historia se sitúa en este caso en el Vietnam de 1968. Trata de la desmoralización que provocó la guerra de Vietnam en los jóvenes norteamericanos que, a su pesar, tuvieron que prestar servicio en la guerra menos popular de la historia de Estados Unidos. En la película, no hay nada despectivo ni hacia el pueblo vietnamita ni hacia el pueblo norteamericano, aunque como resultado, el filme pone en tela de juicio unos valores y unas actitudes que hicieron posible la guerra. Todos sus soldados estaban completamente drogados. Y no sólo eso, la música. Hicieron la guerra al compás de “Light My Fire”. Tenían altavoces y ponían rock and roll ácido en los combates. Vietnam fue la guerra más absurda de todas las que se han combatido y Coppola quiere transmitir eso en sus imágenes.

La realización de “Apocalypse Now” se plantea fuera del conflicto real (1958-1975) y dentro de una época en la que se volvía la vista atrás hacia los errores y horrores de la guerra con el regreso y testimonio de sus trastornados y mutilados veteranos.

5. Elementos de recepción:

a. Destinatario

“¿No estás contento de ser estadounidense?”

Tanto el emisor como el destinatario se tienen que entender dentro del marco de este fin generacional. Fuera de él, de su contexto, de su época, incluso de su sociedad, nos encontramos como destinatarios con una cinta que desentrañamos de una forma menos personal que si actuáramos como destinatario “nativo” en el momento de estrenarse.

Para analizar el impacto del mensaje de “Easy Rider” y de “Apocalypse Now” en el destinatario, tenemos que considerar entonces los dos tipos de destinatario o públicos posibles: el espectador americano, y el resto del mundo, ya que el entendimiento de cada uno será distinto con relación a estas dos películas. Por ejemplo, la idea de Coppola, como emisor, es la de darle a contemplar al público lo más profundo de cómo fue Vietnam en realidad; sin embargo, un espectador norteamericano podrá dar quizás más matices al mensaje desde su lado emocional, lado que nosotros como espectadores de otro país suplimos con la cultura y el conocimiento de esa situación gracias a la historia escrita.

Los destinatarios seríamos en definitiva los que visionamos las dos películas a través de este u otro formato audiovisual que la reproduzca. No obstante, ante lo señalado, como el objeto de estudio de este trabajo es la película en sí, el público destinatario que se tendrá en consideración será el general, sin atender a la división mencionada.

Por tanto, el destinatario de “Easy Rider” y de “Apocalypse Now” es todo aquel espectador que visualiza la película. Normalmente se le presupone un conocimiento sobre la cultura americana y el conflicto, y, como mínimo, un objeto de entretenimiento (por la propia naturaleza de ocio que representa ver una película) o una curiosidad sobre el tema de las cintas. Así pues, los destinatarios pueden ser también seguidores del director/emisor o del reparto, de los temas o expertos en cinefilia y por tanto ávidos en esto de interpretar los mensajes verbales y no verbales presentes en ambas cintas.

b. Código y subcódigos

El código utilizado en la recepción, es decir, el que utiliza el destinatario para convertir, o por lo menos reconstruir, el mensaje significante del emisor en mensaje significado es el mismo que han empleado los emisores (Hooper y Coppola como realizadores) para emitir y así crear el mensaje significante. Esto es el lenguaje y diálogo en lo que al sistema verbal se refiere, junto a los códigos propios (verbales y no verbales) del lenguaje audiovisual y cinematográfico.

La interacción y comunicación entre los cineastas y los espectadores es relativamente fluida gracias a que generalmente comparten estos dos códigos: lenguaje de transmisión -con la posibilidad de ser doblada para uno u otro público destinatario-, y de construcción cinematográfica, dando por supuesto que el espectador dispone de unas facultades de comprensión de los recursos narrativos del cine. Este segundo aspecto puede ser relativo, ya que tanto “Easy Rider” como “Apocalypse Now” emplean efectos, composiciones, planos o intertextualidades que pueden confundir al destinatario o hacer que éste interprete otro sentido al dado por los emisores.

El valor de entretenimiento y de reflejo cultural-histórico de estas dos películas es el que cobra más relevancia para la interpretación del destinatario. Se conciben como dos films de aventuras, pero ambas (con sus códigos, subcódigos y circunstancias) tratan de ilustrar el mayor número posible de sus diferentes facetas y sugerirlas al destinatario.

El subcódigo en el destinatario –viendo con una perspectiva u otra el código general- es por tanto el responsable de esa posible divergencia a la hora de valorar el tema de la película, sus protagonista, la historia o sus mensajes internos. Como el subcódigo de todo el mensaje es muy amplio y entender las dos películas implica un fuerte grado de abstracción, esto deja lugar a una interpretación muy libre y subjetiva para el destinatario, el cual puede desarrollar quizás una comprensión errónea sobre el mensaje significante-significado.

Para comprender los subcódigos de “Easy Rider” hay que darle un margen, no juzgar su excentricidad y valorarlo bajo sus propios niveles, considerando sus aspectos polémicos y provocativos. “Apocalypse Now” se muestra más abierta a una interpretación lineal, al menos en su historia; sin embargo, los valores y mentalidades de sus protagonistas resultan más abstractos. En definitiva, y como señalaría Umberto Eco, existen múltiples códigos y subcódigos independientes en el emisor y el receptor, como por ejemplo subcódigos ideológicos o afectivos, lo que hace que los mensajes resultado del visionado de estas dos películas no tengan una única producción ni una única interpretación.

c. Mensaje significado

Después de realizar esa especie de “recreación arqueológica” de los códigos, circunstancias y sentidos de las dos películas, y sin adentrarnos demasiado en la distinción entre sistema verbal y no verbal ya comentado, pasamos como destinatario a dibujar nuestra interpretación personal del mensaje significante. Si bien es cierto que los emisores han estructurado el mensaje para encauzar una lectura determinada (“Easy Rider” como expresión de la contracultura y del rechazo a la guerra, y “Apocalypse Now” como recreación del desastre), cuando comienza a circular en la esfera pública, la producción simbólica se encuentra expuesta a la descodificación del destinatario. La discusión del código, las circunstancias, y sobre todo el conocimiento e ideologías del destinatario nos permiten hipotetizar sobre el mensaje de la película. A continuación, analizaremos los significados y símbolos generales de las películas en su conjunto y en secuencias específicas.

“Easy Rider” resulta ambigua en su significado; sin embargo, en un primer nivel de interpretación, la vemos como un exponente más del popular género cinematográfico de las road movies. El viaje, la búsqueda, la huída de las ciudades y sus rígidas estructuras para ir al encuentro de la libertad, con un viaje que termina en el desencanto o en la muerte, articula la historia central. Se distinguen una generación de nuevos símbolos en el que las carreteras se habían convertido en un símbolo de libertad, viendo la ciudad como la opresión. El motorista simboliza el alejamiento geográfico, social y cultural del país y la sociedad hacia uno mismo; un puente que también nos conecta con los Hell’s Angels (Los Ángeles del Infierno), una organización de motociclistas mundial, cuyos miembros usualmente utilizan motocicletas de alta cilindrada Harley Davidson y que comenzaron a organizarse durante los sesenta.

La secuencia inicial con la música de fondo es particularmente significante para analizar. En este punto el tema “Born To Be Wild” de Steppenwolf nos abre al mito del motorista americano, mito que la audiencia hostil de por entonces veía como un símbolo de rebeldía social. La canción nos indica ya que “Easy Rider” es la narración de un viaje dentro de los márgenes de la sociedad y al margen de ella.


Además, “Easy Rider” resulta ser la visión de Hooper del cine de acción, del western moderno, dos tipos atravesando el país en moto, terminando con un final trágico más propio del spaguetti western que el de John Ford, con un par de cazadores furtivos en un camión que matan a tiros a los protagonistas porque, simplemente, no les gusta la pinta que tienen.

Símbolos y más símbolos sobre el western americano y la historia de la nación. Los nombres de los protagonistas, Wyatt y Billy, hacen referencia a dos grandes símbolos del Oeste: Wyatt Earp y Billy “El Niño”, sólo que, en lugar de caballos, estos dos modernos cowboys montan Harleys Davidsons. Uno viaja disfrazado de Capitán América (con la asociación directa al mundo del cómic o a John Wayne) y el otro de Buffalo Bill. No sólo la campera de Wyatt tiene la bandera americana, también está en el depósito de la moto; así, el lugar en el que esconden su dinero es a su vez el que simboliza el depósito de sus sueños, porque a pesar de sus dudas y su búsqueda siguen depositando todas sus esperanzas en la nación (el mismo pedazo de moto que vuela por los aires en la última toma).

Durante el transcurso de la historia, los símbolos patrióticos se combinan con la soledad y la alienación. Precisamente es hacia a ese sentimiento donde conduce la búsqueda del “sueño americano”, un sueño roto que sólo puede soportarse con LSD y otras drogas. Nada más profético sobre el destino de ese sueño que la frase del personaje de Jack Nicholson frente al fuego en su última noche: “Todos queremos ser libres, pero hablar de libertad no es lo mismo que tenerla. Para ellos es muy difícil lograrlo. Cuando te compran y te venden en el mercado es muy difícil ser libre, pero cuidado, no se te ocurra jamás decirles que no son libres, porque entonces se dedicarán a matar, torturar y mutilar para demostrar lo libres que son. Están todo el día dale que dale con el discursito de la libertad individual y después ven un hombre libre y se cagan de miedo”. Termina de hablar, se duermen frente a la fogata y “ellos” llegan y destrozan su sueño a palazos. Al personaje de Jack directamente lo matan. Quizás el peligro que representaba era demasiado para el americano medio: joven, abogado, rico, pero en la búsqueda de la libertad espiritual…directamente un vendido, él debería haber estado del otro lado, era un ser conservador, tenía preparación intelectual y medios económicos, pero estaba cambiando. Al poco, Bill y Wyatt parecen los culpables del “desvío de la juventud”. Wyatt, sin palabras ante la violencia del asesinato, sólo dice “La jodimos”.

En el otro lado “Apocalypse Now” describe la locura del sueño americano y de la guerra con una brillantez genial y estimulante. Trata de reflejar una parte de la guerra desconocida por entonces. El público llega a ver la cinta como una especie de versión belicosa de “Alicia en el País de las Maravillas”, en la que Willard se adentra en un mundo que parece haber caído en la enajenación y en el sinsentido. A medida que se alejan de la civilización se van adentrando más en épocas casi primitivas, una comparación que podemos hacer con el mundo sórdido del que huyen y en el que se encuentran los dos moteros de “Easy Rider”. La jungla representa el misticismo primigenio. Su inmenso poder se contrapone al de las drogas de “Easy Rider”.

El argumento es metafórico: el viaje de Willard río arriba también es un viaje hacia sí mismo, y el hombre extraño y salvaje que encuentra al final también es un aspecto de sí mismo. La asociación que se hace de “Apocalypse Now” y del viaje del personaje de Sheen es la del propio viaje de Dante en “La Divina Comedia”.

Sobre los papeles del reparto protagonista, el personaje del sádico Coronel Kurtz (un obseso Marlon Brando) tiene algo de amable y blando, conmovedor, humano y patriótico, pero al exponerse a la verdad (la estupidez de la guerra) pierde su cordura. Para el sistema americano Kurtz resulta ser un cáncer. Ya no es ni tan siquiera un hombre, es un guerrero de rumores que corrompe el mando militar “ficticio” de la película y que juega con la imaginación del público. Kurtz adquiere unas proporciones míticas, igual que la propia guerra de Vietnam. Mientras, el personaje de Hooper, el reportero gráfico escrito por Coppola, es un contrapunto bufonesco para “el rey” de Brando. Lo que nos recuerda no sólo a los viejos sistemas de castas medievales, sino también a las autoproclamaciones de sus conquistadores vividas en muchos sistemas coloniales. El personaje de Hooper, retomando la comparación con el poemario de Dante Alighieri, es una especie de Virgilio, pero también un elemento muy importante al final del guión, ya que relaja la tensión con una nota cómica. Durante esa escena, Hooper se esfuerza por convencer fútilmente al espectador y a Willard de que Kurtz es un buen hombre, todo mientras salva las cabezas decapitadas por el suelo de las ruinas.

En un sentido más amplio, queda claro que “Apocalypse Now” representa la guerra norteamericana, y que la guerra contra Vietnam es únicamente la extensión del colonialismo mercantilista, y que el horror y el salvajismo no están en la jungla, sino en la propia cultura norteamericana, con su tecnología imponente y su cultura popular. Incluso el elemento absurdo de las tablas de surf (con el ejército buscando una buena playa que tomar para practicar deporte) nos habla del viejo y nuevo colonialismo: los colonialistas siempre llevan consigo su civilización. Aquí, en unos convulsos y rockeros años sesenta, cuando sonaban mucho y bien los Beach Boys, son las tablas de Surf.

Centrándonos en alguna escena concreta llena de símbolos, la secuencia de las conejitas de Playboy es una de las más importantes en cuanto a su significado. En ella vemos como para “saciar” a los soldados americanos se organiza un espectáculo de variedades con estas modelos. No es sólo la idea de una chica sexy, un entretenimiento gratuito y compensatorio para los soldados, sino que son todos los valores de Playboy y de América. Son los coches de los soldados, sus casas y las ciudades donde han nacido. La idea es que las chicas Playboy representan el hogar. Como Francis Ford Coppola aclaró en uno de los borradores del guión, son “Miss América sin ropa”. La secuencia de Hau Phat está marcada por símbolos: las chicas Playboy están armadas con revólveres de seis cámaras en el escenario y provocan a la tropa y a su masculinidad. La mañana después del espectáculo, hay misiles fálicos erguidos por todo el perímetro como barras de labios gigantes, son símbolos horteras de la frustración sexual y del ánimo a ver en las masacres y en las explosiones una forma de satisfacción. Se quiere crear un soldado que no necesite comer, beber o practicar el sexo, sólo matar.

Este razonamiento lo encontramos en otra secuencia más adelante. Durante la cena de Willard en el muelle de la plantación francesa, ésta termina con el encuentro “íntimo” de Willard y Roxanne, una acomodada terrateniente francesa. La joven le ofrece una pipa de opio. Willard estira el brazo y toca su cuerpo desnudo como si hubiera recobrado algún atisbo de amor. Poco antes, Roxanne le pregunta “¿Por qué lucha?”. Willard responde sobriamente “Porque me gusta”.

d. Circunstancias

La interpretación de las dos películas varía notablemente según cuáles sean las circunstancias del receptor o su “cultura” sobre las causas, el desarrollo y los efectos del conflicto bélico. También éstas pueden ser muy variadas debido al hecho de que en el caso de “Apocalypse Now” ésta se encuentra en dos tipos de versiones: la original y la extendida o “redux” que aporta algo más de contexto. Incluso la propia disponibilidad de este material en Internet y otras plataformas hacen que las circunstancias del visionado pueden empeorar o mejorar la experiencia. No es lo mismo contar con una copia original de la película –que puede estar censurada o mal editada- que una en formato de alta calidad blue ray. Esto puede predisponer a que la película resulte más entretenida o que se aprecien detalles que podrían pasar desapercibidos.

Como se ha indicado las circunstancias personales de cada uno condicionarán la interpretación, tales como desconocer totalmente el tema, no compartir su código (cultura musical, social, política…) o su subcódigo.

Un espectador no adoctrinado o que no va más allá en la reflexión de las dos películas, verá en “Easy Rider” sólo un ensalzamiento del consumo de drogas, mientras que “Apocalypse Now” la entenderá como una “parábola” a favor del fascismo. Curiosamente, dentro de las circunstancias actuales, “Apocalypse Now” resulta más fácil de ver como una alegoría mayor del fracaso del fascismo aberrante americano, tan cercano para nosotros dentro de las circunstancias actuales.

Eco demuestra con su modelo que el entrecruzamiento de las circunstancias y la multiplicidad de códigos y subcódigos hacen que el mensaje sea considerado de una forma u otra.

Viendo “Easy Rider” y “Apocalypse Now” después de ser analizadas, nadie diría que las canciones elegidas para ellas han sido una selección aleatoria, sino más bien pensada. Las dos películas se apoyan en una apertura basada en un emotivo código musical. “Born to be Wild” nos presenta un mundo despreocupado, libre, mientras que “The End” nos descubre la locura, la perdición. Es curioso el modo en que ambas coinciden con el espíritu de cada película.

También nos encontramos con melodías como “La cabalgata de las valkirias” de Wagner, mientras vemos la maquinaria militar norteamericana a toda marcha. La secuencia, conocida como Rollo 3 AB, se ha convertido en una especie de patrón de referencia, además de un tributo a la fútil perseverancia de demostrar la masculinidad americana…“La cabalgata de las valkirias” suena a bordo de los helicópteros mientras reina la absoluta tranquilidad en el patio de la aldea. Empieza sonando una campana y, mientras el soldado vietnamita insta a los escolares a que se refugien, el teniente Walter Murch hace que el sonido marcial de Wagner surja del fondo. Hay una sinergia maravillosa entre el silencio y el espacio vacío de la plaza. La inocencia de los niños frente a la agresividad de los helicópteros. Puede que gracias a lo aprendido con la semiótica esos detalles no pasen por alto.

lunes, 31 de mayo de 2010

Legado del Nuevo Hollywood sobre la guerra de Vietnam: Análisis semiótico de “Easy Rider: Buscando mi destino” y “Apocalypse Now” (I)

1. Introducción: Imágenes sobre América y aplicación del modelo de descodificación del mensaje estético

El actor y director Dennis Hooper y el prestigioso realizador Francis Ford Coppola se adelantaban a su época ofreciéndonos dos de los mejores testimonios de la sociedad americana, intentando plasmar de diferente forma el impacto que el conflicto bélico contra Vietnam (entre los años 1958 y 1975) tuvo sobre los Estados Unidos de América. La guerra partió la sociedad americana en dos: los que se mostraban partidarios de la involucración del país en el conflicto, con una mentalidad aún demasiado cerrada y conservadora; y los que mostraban su rebeldía contra el sistema a ritmo de buen rock, malas drogas y su rabiosa actitud.

Recordando el marco histórico de estas operaciones ofensivas en plena jungla, el enfrentamiento llevó a una lucha encarnizada entre Vietnam del Sur y los Estados Unidos, contra Vietnam del Norte, apoyado por el bloque comunista. Tras el final de la guerra, con el triunfo del norte comunista sobre el sur, la guerra de Vietnam quedó marcada en la moral y la opinión pública como la única gran derrota en la historia militar de los Estados Unidos. América ya no era la gran patria que antaño fue.

Para el análisis de estos dos iconos de la cinematografía moderna americana se utilizará el modelo de análisis y decodificación propuesto por el doctor Umberto Eco. A través de sus planteamientos teóricos y prácticos se reconocerá la existencia de cierta tensión dialéctica entre la determinación de la lectura, y forma de las dos cintas, con su “apertura”; es decir, las posibilidades que nos brinda como destinatarios para más de una interpretación. Este análisis estará directamente relacionado con la existencia de códigos -en tanto sistema de equivalencias- ambiguos, redundantes o compartidos entre ambas películas.

2. “Easy Rider” y “Apocalypse Now”, dos realidades

A finales de los años 60 la cruda y lejana realidad del conflicto en Vietnam empezaba a dejar la huella del fracaso sobre Norteamérica. Cientos de jóvenes luchaban a su estilo (un modo de vida liberal y escandaloso) por su país. Mientras, otros tantos morían a orillas de alguna “paradisíaca” playa de Laos o de Camboya. Así, comenzó el dibujo de dos realidades tan distantes como equivalentes, de “Dos Estados Unidos” que dejaron un gran poso en el mundo cinematográfico. Así nacieron “Easy Rider” y “Apocalypse Now”.

Para hablar y entender el origen de “Easy Rider” (1969) tenemos que ponernos frente a una sociedad que descubría y abría su mente hacia las nuevas y emocionantes drogas a ritmo del rock psicodélico de los Rolling Stones, Grateful Dead y Jefferson Airplane. La globalización de los estupefacientes fue un fenómeno gigántico y polifacético que encontró su lugar en el mundo artístico. Una cultura de escritores, cantantes y cineastas marcaron caminos alternativos a los preestablecidos y fueron polea del multitudinario movimiento hippie, entendido como antagonismo del belicismo gubernamental, del Vietnam y del recuerdo de la Guerra Fría. Finalmente, se convertiría en un estilo de vida que se usaría como proclama para cientos de jóvenes contra el conservadurismo y el patriotismo belicoso y que encontraría su soporte en Easy Rider”, una suerte de filme generacional en el que dos camellos (interpretados por los “viejos moteros” Dennis Hopper y Peter Fonda) deciden invertir todo lo ganado en la compra de dos Harley Davidson para cruzar los Estados Unidos con destino a Nueva Orleans.

La idea original y excusa para realizar esta controvertida historia –llena de droga, sexo y violencia- era reflejar el peligroso modo de vida de dos traficantes de droga dura. Por entonces, el único miedo de Fonda y Hooper era que el público no viera el film como un mensaje crudo sobre ellos mismos y sobre la contracultura, sino como un desastroso experimento audiovisual. Cuando le preguntaban sobre la película Fonda se limitaba a decir: “Lo que queremos hacer es reírnos de las normas. No tendría que haber normas, tío. Somos sinceros con nosotros mismos”. Trataron de definir una sensibilidad propia y abrir las puertas de Hollywood a la revolución social y cinematográfica. BBS lanzó con “Easy Rider (En Busca de Mi Destino)” el cine de autor en Hollywood. Mientras, Dennis Hooper se erigía como el gurú “más drogata” de toda la Nueva Ola Americana de artistas. Y diez años después, llegó otra película rompedora, la respuesta de un no tan joven Francis Ford Coppola a la alocada parodia-documental de “Easy Rider”.

El origen de “Apocalypse Now” lo encontramos en las reuniones delirantes de varios adolescentes, futuros directores de renombre como John Milius o George Lucas, que se celebraban en la Escuela de Cine de la Universidad del Sur de California. La historia nacía como idea bajo el nombre de “The Psychedelic Soldier”. El nuevo título, con ese dramático “Apocalipsis ahora”, se inspiró en una chapa (“Nirvana Now”) que llevaban por entonces los hippies de la época.

Los sueños de este guión entre bélico y moralista hablaban de la locura que era la guerra, las drogas y las alucinaciones de los narcóticos y del napalm. Pero también de una realidad que no conocieron los que abanderaban el emblema de la contracultura americana: la guerra.

En pleno 1975, con las tropas norteamericanas todavía cargando en las orillas de las playas de Vietnam y un fervor antibelicista creciente en los campos universitarios de Estados Unidos, resultaba atractivo el concepto de trasladar la protesta social al entorno de la jungla y salpicarla con una dosis de especulaciones intelectuales reales – la supervivencia del más apto, el fracaso, el sin sentido de la guerra, el pesimismo…- que compartiría con la cinta de motoristas de Dennis Hooper.

Con el sueño de realizar una versión cinematográfica de “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, novela corta publicada originalmente por entregas en 1899 y ambientada en la África colonial, “Apocalypse Now” se concebiría 4 años después dispuesta a remover conciencias. El espíritu de la época llenó esta producción de dificultades, indecisiones y obstáculos, pero también de mensajes y significados.

jueves, 27 de mayo de 2010

Siete héroes a través del tiempo: influencias y adaptación de la narración épica de “Los Siete Samuráis” a los géneros cinematográficos modernos (IV)

4. Espadas, revólveres y…ametralladoras / Adaptando la acción al terreno: evolución del marco histórico, temporal y espacial del relato cinematográfico

Las películas se desarrollan en un espacio y un tiempo tan específicos y característicos que impregnan de originalidad el relato por mucho que haya sido contado. En una película de acción el marco histórico y geográfico es vital. Dos elementos también vitales para afrontar la perspectiva de revitalizar y actualizar una historia mil veces contada y que parezca fresca, pero fiel a los valores. El entorno se presta mucho a la reinvención. Visualmente, cuando se afronta una adaptación, tienes que crear un espacio que ponga a la gente en tensión, pero también dentro de su propia realidad identificable.

Kurosawa sitúa el marco de “Los Siete Samuráis” en pleno Japón feudal, cuando las katanas, las lanzas y los arcos estaban presentes en cualquier batalla. La película resulta además una magnífica crítica al sistema de castas tradicional de Japón. Kurosawa da a este sistema un crédito de inutilidad cuando representa a los pueblerinos desgarbados y torpes con lanzas, y a los samuráis como orgullosos y dominantes, retratando el orden sociopolítico de las viejas clases sociales japonesas.

El primer ejemplo específico que encontramos de este marco histórico-temporal que representa es en varios de sus planos clásicos. El más claro se encuentra a mitad de película, cuando los pueblerinos han estado algún tiempo entrenando con los samuráis y han empezado a confiar en ellos. Hay una escena donde se les ve a todos reunidos en el centro de la ciudad, el mismo lugar donde hace unos días el pueblo entero estaba antes lamentándose por su destino. Ahora, los pueblerinos están sentados en un círculo organizado, hombro contra hombro. La cámara se mueve fuera del círculo con un largo plano grabado con dolly. El punto de la secuencia es que los pueblerinos y los samuráis han formado una fuerza y han elegido el liderazgo.

Más puntiagudo que esto es el hecho de que cada pueblerino tiene una lanza sobre su cuello apuntando fuera del círculo. Con el movimiento de la cámara alrededor del círculo las puntas de las lanzas parecen amenazar a la audiencia, dando a la confusa y débil villa una apariencia imponente y amenazadora. La jerarquía militar era muy necesaria durante el periodo feudal en Japón para proteger los diferentes clanes entre ellos. Por supuesto, la escena termina con un ejemplo de lo que pasaría si alguien rompiera el círculo y tratara de ser individual. Uno de los pueblerinos, cuya casa se encuentra fuera de los límites defensivos, intenta mover una revolución y anima a sus vecinos a unirse. Kambei desenvaina su espada y los pone en línea y les advierte de lo que pasará si no trabajan juntos. Este resulta un claro ejemplo no sólo de la subyugación de la libertad individual requerida para que un sistema de poder funcione, sino en definitiva de las necesidades para la supervivencia del grupo y el poder que da la organización.

John Sturges llevaría poco después “Los Siete Samuráis” al contexto espacio-temporal más directo para el público norteamericano: el Oeste, cambiando los bandidos y señores de la guerra japoneses por asaltantes, y a los aldeanos por agricultores mexicanos. Curiosamente, este marco histórico nos remite a un famoso momento de la historia de América: la Batalla de El Álamo (1836), con el enfrentamiento del ejército de México contra una milicia de secesionistas texanos.

Pistolas, rifles y pólvora aparecen sustituyendo a las viejas espadas. Sin embargo, pese a este cambio de época las dos películas mantienen escenas muy parecidas, como el propio encuentro de los protagonistas, pero sobre todo la reconstrucción de las míticas escenas de acción clásica de la cinta original.

Las revisiones y otras adaptaciones menos importantes de estas dos películas han mantenido siempre la estructura narrativa básica, pero la llegada de “Depredador” supondría un nuevo giro para la trama que, aún siendo una adaptación libre, seguía reflejando gran parte del espíritu de las anteriores.

Durante los años 80 el cine de aventuras se llenó de violencia, acción y explosiones; se creaba un modo de cine que apostaba por la espectacularidad. Depredador aprovechaba por entonces el recuerdo de la Guerra de Vietnam, aún reciente, para llevar la historia a un marco más reconocible y presente para el público: la jungla. El espacio juega aquí un papel clave, no sólo para situar la historia en un lugar identificable o que encaje con el relato, sino para adaptar y cerrar otro cerco del mundo ficticio y universo propio del relato y de los personajes.

“Depredador” utiliza la jungla como elemento icónico de la amenaza y del peligro. Tiñe la película de un misticismo legendario que nos recuerda fundamentalmente a la ficción propuesta por el poema Beowulf.

5. Héroes y villanos

a. Fraternidad entre héroes: aspectos culturales y sociales de la historia

El concepto de “héroe”, y de sus equivalentes como “hombre fuerte”, “valiente”, o “macho”, se ha ligado durante mucho tiempo a una imagen solitaria y marginal de estos protectores del pueblo. Sin embargo, a pesar de este aislamiento al que se ha visto sometido, el “héroe” se ha desarrollado casi siempre dentro de un grupo de semejantes que nos recuerdan a las antiguas avanzadillas, destacamentos o milicias griegas, y, por tanto, a la noción de “héroe grupal”.

Por una parte, a este héroe individual se le ha atribuido la noción de fortaleza y valentía que consigue con el grupo, dos supuestos atributos que lo colocan en un plano de superioridad. En segundo lugar, el concepto de protector del pueblo por supuesto viene relacionado como figura líder dentro de ese mismo grupo.

La idea de “fraternidad entre héroes” parte de los mitos de la antigua Grecia, los cuales emanan más que un débil hedor misógino que también aparece en las tres películas a análisis. El propio imaginario que se maneja para las tres cintas (el papel del grupo de héroes como hombres dominantes y fuertes, el armamento –con símbolos asociados a la masculinidad-, etc.) plantea un contexto claramente masculino que recuerda a estas mismas milicias o, en el caso de “Depredador”, a las patrullas de combate, especialmente en torno a la Guerra de Vietnam. Los personajes femeninos son anodinos, no tienen ningún poder, únicamente como presencia perturbadora (la feminidad del samurái más joven vista como una debilidad) o demoníaca (la madre del Grendel en “Beowulf”). Son historias sobre la masculinidad aberrante.

Curiosamente, tanto McTiernan, como Kurosawa y Sturges, eligen a guerreros muy masculinos, aunque el mito y la sociedad hayan cambiado el concepto de “masculinidad”. Los tres directores se concentran en pocas personas y sólo comentan el clima de la acción en torno a ellos, en el cual los miembros del equipo trabajan juntos, aunque en definitiva resulta una lucha de personalidades. Pese a todo lo que interesa es el líder y su construcción como modelo de héroe.

b. “Si sangra, podemos matarlo”: Los modelos de héroe y villano modernos

Un hecho fundamental para la comprensión de la figura de los héroes es la interacción entre ellos y la sociedad donde actúan. El héroe representa en parte el conflicto social de la sociedad donde se desarrolla, cambiando entonces las diferentes visiones de la figura del héroe masculino en el ámbito cinematográfico.

Los héroes han materializado de una u otra forma las inquietudes, ambiciones y necesidades personales de la sociedad. Simplemente, cada época ha buscado un arquetipo de héroe determinado.

Cada tradición cultural tiene un modelo (o modelos) de héroe. Hay un modelo de héroe que surge en la tradición de la cultura griega, hasta el punto que los héroes parecen un legado más de esta cultura a Occidente, y que nos viene a decir que en la grandeza del héroe está la fuente de su error, en la violencia y abuso de su fuerza. Aquello que lleva al héroe al triunfo, en tanto resulta un personaje excepcional y extraño, es también lo que conduce al sufrimiento y, casi siempre, al fracaso y a la catástrofe.

Si estudiamos los finales de “Los Siete Samuráis”, “Los Siete Magníficos” y “Depredador”, veremos reflejado la fatalidad de su suerte. En la primera, Kambei y Katsuhiro se encuentran frente a las tumbas de sus compañeros con el polvo volando tras de ellos. Mientras, los pueblerinos cantan felices mientras harán los campos. La vida sigue y los héroes vuelven a ser criaturas marginales, buscando una nueva batalla.

Ese pathos se traslada a las otras películas. Precisamente en las versiones de Sturges y McTiernan el grupo de héroes terminan sin rumbo, cabalgando hacia el horizonte o dejando atrás la jungla.

El principio aristotélico de la purgación y de la catarsis consiste precisamente en que los espectadores a través de la contemplación de los sucesos que se exponen en la tragedia y del castigo que sufre el héroe, experimentan temor y compasión. Esto da como resultado que los espectadores sean conscientes del sentido del héroe y aspiren a simbolizar sus valores. Sin embargo, como señala Victoria Camps, “el rasgo más específico del comportamiento heroico es el que entraña una notable paradoja: el héroe tiene un valor de ejemplaridad en su mundo, y lo tiene sin embargo, en virtud de una conducta insólita, inusual, incluso errónea (…)”. Kurosawa sabía también que no todo el mundo es bueno o malo, sino que siempre hay matices en todas las personas que pueden llevarnos desde la bondad a la mezquindad con un simple paso.

Los dos polos opuestos los encontramos entre los bandidos y los samuráis. Los samuráis son la muestra de la decadencia: usan atuendos harapientos, son pobres y pasan hambre, en cambio, los bandidos portan armaduras samurái, montan a caballo y tienen armas de fuego. El maestro que es Kurosawa nos enseña a unos samuráis experimentados y bondadosos que tienen la oportunidad de volver a encontrar su norte, de reencontrarse con la gloria de la batalla y ganarse el respeto y el honor que perdieron antaño. La diferencia con los héroes de “Los Siete Magníficos” es sencillamente la caracterización de sus protagonistas, como unos cowboys clásicos de sombrero y pañuelo. Con el personaje de Arnold en “Depredador”, Dutch, vemos valores muy ensalzados dentro del propio género, pero que comparten más de alguna similitud con los anteriores: tiene carisma, capacidad de liderazgo, es un hombre de acción que nace de un popular modelo cinematográfico de guerrero urbano, hierático e invencible, estoico e irreductible. Como en “Beowulf”, estos héroes de los que se rodea Dutch resultan bravos, pero les aterra el sombrío misterio; pueden luchar contra cientos de soldados, pero las sombras, lo impalpable, lo desconocido, los convierte en seres indefensos.

Por otro lado, los villanos se han dibujado con otras cualidades menos específicas, y más próximas a su superioridad numérica o de fuerza, aunque mostrando también una notable capacidad de liderazgo y de dominación, por ejemplo el personaje del sanguinario Calvera, el jefe de los bandidos interpretado por Eli Wallach para “Los Siete Magníficos”.

Sin ninguna duda, el diseño de villano más interesante es el de “Depredador”. El supervisor de efectos especiales Stan Winston creó el equivalente moderno al Grendel de “Beowulf”. La leyenda de Grendel es una representación cristiana más del maligno. La criatura de “Depredador” personificaría la nueva amenaza del mal, de lo desconocido para nuestra sociedad: los alienígenas.

“Depredador” enlaza simbólicamente con la idea, especialmente sumerial, del gran adversario que nos recuerda por ejemplo al concepto oriental de Kurosawa del enemigo como fuerza imparable.

6. El germen deLos Siete Samuráis”: Influencia e impacto en el marco cinematográfico, en los géneros y en la cultura

Kurosawa y sus siete samuráis han influenciado a cientos de películas a lo largo de todos estos años. Directores de todo el mundo como Scorsese, Francis Ford Coppola o Zack Snyder (“300”) han tratado de imitar el espíritu de este gran relato. Igualmente, una escena de “Conan, el Bárbaro” (1982) de John Milius (concretamente aquélla en que el narrador de la historia carga con las armaduras de los guerreros muertos y las ofrece a Conan para la batalla final de la película) parece estar inspirada en aquella otra del clásico de Kurosawa, en que los campesinos rescatan las armaduras de los samuráis muertos.

Incluso la animación le ha dado su particular homenaje a esta gran historia. Series de dibujos como “Samurai Jack” o “Samurai 7” se han basado libremente en la película de Kurosawa. Asimismo, para el proyecto de animación de la factoría Disney tras “Toy Story”, “Bichos, una aventura en miniatura” (1998), se utilizó el esqueleto de la historia para armar la película.

En los cómics, las populares formaciones de héroes de editoriales como Marvel, DC o Image han imitado el concepto de fraternidad que ya aparecía en “Los Siete Samuráis”. Los que fueran en su momento unos bandidos orientales se transformaban por arte y milagro en megavillanos capacitados para extender su maldad por todo el Universo, intercambiabando mil y un puñetazos contra equipos de nombres tan rocambolescos como La Liga de la Justicia, la Patrulla X o Los Vengadores.

7. Conclusión

La continuidad de “Los Siete Samuráis” es la prueba evidente de que el relato ha calado muy hondo en el público. En sus más de 40 años la historia que una vez inspirara a un director asiático, del que se cumplen 100 años de su nacimiento, ha sufrido muchas mutaciones, casi tantas como las que han experimentado sus personajes. El cine ha mantenido la transmisión acerca de los trágicos destinos de héroes y pueblos enteros, un destino que dibujó fílmicamente Kurosawa en un lejano 1954.

Cuando hablamos de la adaptación tenemos que buscar la esencialidad, el espíritu original de la película, porque, en definitiva: vale más hacer una adaptación buena que cien copias malas.

martes, 25 de mayo de 2010

Siete héroes a través del tiempo: influencias y adaptación de la narración épica de “Los Siete Samuráis” a los géneros cinematográficos modernos (III)

3. La reinvención de la narrativa épica: del western a la ciencia ficción.

a. Oriente contra occidente: “Érase una vez…Siete Magníficos”

Seis años después Hollywood se fijaría en la cinta de Kurosawa y haría su propia versión de la historia, “Los Siete Magníficos” (1960), un western que reunía a los actores más populares de por entonces, contando a la cabeza del reparto con Steve McQueen y el polifacético actor Yul Brynner.

Dirigida por John Sturges, responsable de “La Gran Evasión” (1962), “Los Siete Magníficos” trasladaba la epopeya sobre samuráis al oeste, pero manteniendo el mismo espíritu épico de la película de Akira, convirtiéndose en un referente aún mayor para toda una generación de espectadores y en una de las adaptaciones más fieles que se verían del relato de Kurosawa a lo largo de los años.

Esta vez, la banda de siete hombres tendrá que enfrentarse a un grupo de forajidos que siembra el terror en un pequeño pueblo de granjeros mexicanos. Sin embargo, el grupo de pistoleros aceptará enfrentarse a ellos no por dinero, sino por la oportunidad de volver a la acción, un paralelismo evidente con su “hermana” cinematográfica asiática.

Más grande que la original, “Los Siete Magníficos” ha terminado por convertirse en una cinta legendaria, hasta el punto de ser reconocida como uno de los mejores westerns de la historia –con el perdón de John Ford y Leone-, y crear una contribución clave al género, a la cultura cinematográfica y televisiva. Al igual que sucediera con Los Siete de Kurosawa, Los Magníficos de Sturges se convertiría en una de las apuestas cinematográficas más atrevidas de por entonces que dejaría una huella indiscutible en el los últimos años del Hollywood de la Edad de Oro y en el cine de aventuras.

A pesar de compartir varios ítems, la base común de estas dos historias sigue siendo la alteración de la estabilidad, sirviendo los héroes como forma para restaurar ese estado inicial de equilibrio alterado por el numeroso enemigo. En este caso, el cambio de género hacia el western gana además un cariz de discurso mítico, en parte por la visión idílica y romántica que el público espectador tenía y aún tiene del “cine de oeste” americano, y por ser considerada como último vestigio antes del desencanto imperante en la mitad de la década de 1960 y de 1970 con la llegada del cine hispano-italiano de vaqueros.

b. Revisando la fórmula: “Depredador”, McTiernan y la visión mítica en la literatura

Por entonces, a finales de los 60, la fórmula se abría a un sinfín de secuelas y adaptaciones, incluso “Los Siete Magníficos” sufrió en sus carnes -con tres entregas más- esta intentona de explotar la gallina de los huevos de oro que había sido la cinta de Sturges, rehaciendo el grupo y haciendo cabalgar a estos vaqueros una y otra vez, con Brynner sustituido por el actor Lee Van Cleef.

Después de terminar de escribir la última página de esta “magnífica” leyenda, se veía una oportunidad de tomar el relevo dejado por “Los Siete Magníficos”. Desde entonces se han hecho muchas versiones distintas en diversos géneros cinematográficos, como la ciencia ficción, el cine de artes marciales, o el thriller policiaco. El objetivo era el de “quemar” el argumento, llevar las adaptaciones a cualquier género en el que presumiblemente se pudiera encajar -más o menos- la historia original.

En el extenso despliegue de títulos con el asunto del “número 7” es de imaginar que la industria pensó que, contando con el éxito de “Los Siete Magníficos”, el filme podría ser condimentado y adaptado a otros marcos. Las revisiones más importantes de esta película, que mantienen la estructura narrativa básica, incluyen “Grupo Salvaje” (1969) de Sam Peckinpah, la india “Saat Hindustani” de 1969, “Beach of the War Gods” de 1973, “Battle Beyond the Stars” de 1980 (cuyo título se tradujo al español sabiamente como “Los siete magníficos del espacio”), “I seete Magnifici Gladiatori” (“Los siete gladiadores”, 1983), o “Mundo Salvaje”, dirigida por Lee Katzin en 1988.

No obstante, pese al vendaval de cine fueron muy pocas las que se podrían considerar como referentes –no por directos, sino por merecedores de su fama y etiqueta-, de los mismos logros que se adjudicaron en su momento a las cintas de Kurosawa y Sturges.

El retorno al tema, tras un largo periodo de sequía y parodias de cine caspa, serie b y z –sobre todo italiano-, habría que llevarse a cabo, cómo no, por las vías de Hollywood y el nuevo “hormonado” cine de acción, nacido con la aparición de la “musa” ArnoldAlois” Schwarzenegger. “Depredador” (1987) de John McTiernan puede considerarse como la evolución directa y lógica de la historia de Kurosawa, llena de violencia salvaje y nervio narrativo.

Lo que diferencia a “Depredador” de muchas otras copias surgidas a raíz del éxito de “Los Siete Magníficos” es que, al margen de preocuparse por aportar una escenografía “innovadora” –mejor dicho escenario- o por los estilos de moda, McTiernan se preocupo por contar una historia potente de aventuras. “Depredador” fue una de esas versiones elegidas del cuento heroico de Kurosawa capaz de electrificar la pantalla, de sorprender, emocionar, llevar al espectador al límite, y al mismo tiempo proponer un viaje sensorial, casi primitivo, que respetara la inteligencia del espectador.

Seguramente, “Depredador” no existiría si pocos meses antes no se hubiera estrenado “Aliens” (1986), una cinta que como muchos cinéfagos y expertos en cine proponen viene a ser como la madre de todo filme de guerra de ciencia ficción. Aquí nos encontramos, de nuevo, con un grupo de soldados –casualmente de nuevo siete- que, con la excusa de salvar a un supuesto ministro de una guerrilla sudamericana, terminan enfrentándose a un adversario formidable y desconocido, contra el que las tácticas de combate habituales nada pueden hacer, y que va a ir diezmándoles poco a poco, sin que logren encontrar una forma eficaz de defenderse.

En general, este relato de “criaturas del espacio exterior” y vuelta de tuerca a “Los Siete Samuráis” presume de un espíritu conciso y sincero sobre el cine de aventura. La génesis de la historia de John McTiernan es obvia. John y Jim Thomas, escritores del proyecto, cuentan que tenían una historia sobre una hermandad de cazadores que se enfrentaban a una alienígena de otro planeta, y McTiernan quería hacer una película de palomitas a la vieja usanza. La mezcla dio lugar a este conjunto explosivo que bebía muy directamente de la influencia cercana de “Los Siete Magníficos”.

McTiernan contaría años después la historia de otro grupo de guerreros –trece en total- destinados a enfrentarse contra una horda de criaturas conocidas como los “wendol” en “El Guerrero Nº13” (1999). La trama para la película era la misma leyenda del guerrero nórdico “Beowulf”, adaptando el relato creado por Michael Crichton para su novela “Devoradores de Cadáveres” (1976).