domingo, 26 de agosto de 2007

El fantasma de John Wayne camina (Primera Parte)

Si hubo un antes y un después en el mundo del cine, fue sin duda durante la llamada “edad dorada” de Hollywood. Es extraño, pero la gente y los críticos más veteranos siguen empeñados en ensalzar esta etapa como la mejor de todas. Si nos paramos a pensar que clase de producciones se hacían en esa época nos acordaremos de comedietas románticas y lacrímogenas historias protagonizadas por actores como Cary Grant, Gary Cooper o el siempre carismático Humprey Bogart que se despedía de Ingrid Bergman en un pequeño aeropuerto. Pero Hollywood no sólo vivió de dramas, allí estaban las pequeñas producciones de terror, ciencia ficción y por último, el cine del Oeste, un género ensalzado por una generación de infantiloides (ahora octogenarios) que se sentaban frente a su televisor de dos canales siguiendo las aventuras televisivas (nunca mejor dicho) de El llanero solitario.
No era extraño que cuando se estrenaba un nuevo Western en el cine del pueblo, cientos de niños acudieran en masa a las salas del cine, aplastando a pobres acomodadores a los que les quedaba un día para jubilarse.
Al intentar recordar un actor de esa entrañable época, sólo me viene a la mente la imagen de John Wayne en Río Bravo, Río Lobo…¿Por qué se empeñarían en llamarlas de distinto modo si todas eran práctica e idénticamente iguales? (Valga la redundancia).
Y no puedo evitar recordar una de las frases que dio popularidad al “héroe americano” John Wayne: “Yo que tú forastero, no cruzaría el Mississippi”. ¿Qué obsesión tenía John Wayne con que “no cruzaramos el Mississippi”? No sería de extrañar que conociendo después de su muerte (y antes) su alcoholismo, hubiera guardado un alijo oculto de licor y quisiera que nadie lo encontrara, no fuera a ser que el “forastero” de turno regresara al pueblo zigzagueando igual que nuestro querido vaquero y le robara protagonismo. Porque es verdad, para John todo el mundo era forastero.

-Yo que tú forastero…
-¿¡Pero qué diablos dices John!? Llevo viviendo en la habitación de al lado durante más de diez años. El otro día te llevé una carta que habían dejado por equivocación en mi buzón y mi mujer te hizo una tarta de manzana.
-…No cruzaría el Missisipi.
-Mira que eres pesado John.

Que da igual, si a John Wayne no le suena tu cara es que eres forastero y vas a ir a buscar su alcohol escondido en el Mississippi, y da gracias que no te hayas cruzado con Clint Eastwood…que ni los buenos días vaya.
Los problemas de alcoholismo de John llevan a la siguiente cuestión, ¿por qué todas las botellas de alcohol (o más bien garrafas) tenían tres extrañas equis? ¿Qué significaban las equis? ¿Se trataba de una película porno en un formato reproductor antiguo? Puede que en realidad nos encontremos con una campaña de censura al estilo de la Ley Seca o de la Caza de Brujas pero con bebidas (el vodka es de origen ruso, luego…¡es comunista!¡Protejan a los niños!), aunque lo más probable es que los historiadores americanos ni supieron ponerse de acuerdo en que marca bebían los vaqueros de aquella época y decidieron solucionar el problema colocando una etiqueta con tres equis donde tendría que estar el nombre de la bebida.