viernes, 25 de diciembre de 2009

jueves, 24 de diciembre de 2009

lunes, 21 de diciembre de 2009

"Soy la noche"





domingo, 20 de diciembre de 2009

De la publicidad al cine y del cine a la publicidad

Desde hace 30 años, década arriba década abajo, la publicidad ha resultado ser un buen trampolín para las aspiraciones más altas de los creativos publicitarios. Los involucrados en el asunto, realizadores, guionistas, e incluso el catering, ven el “spot” como una oportunidad para salir de la triste realidad cotidiana de un oficio (el de publicitario) mal pagado y mal visto a priori, y lanzarse al “verdadero” mundo audiovisual. Y es que parece que trabajar en publicidad ha terminado por convertirse en un estigma más visible que el de ser abogado “picapleitos” o periodista “plumilla”. La culpa de esa meta es el éxito en Hollywood de directores que en su día vinieron de la pequeña pantalla y llamaron la atención de alguien más alto por sus videoclips y spots.

El director Spike Jonze, por mencionar uno de tantos, demostró sobradamente capacidad para hacer videoclips y spots atractivos. Su creciente gusto por el exceso, que propicia unas cuantas secuencias desmesuradamente enloquecidas, hicieron fácil que la industria del cine pusiera los ojos en él. Ahora, después de tocar la comedia negra con “Cómo ser John Malkovich” (1999) o “Adaptation” (2002), películas rompedoras narrativamente, se embarca en adaptar la obra de Maurice Stendhal, “Donde habitan los Monstruos”. Después resulta que la publicidad se retroalimenta. El “monstruo” (por criatura y estilo) del nuevo anuncio del nuevo Seat Altea XL resulta extrañamente parecido a la idea de Jonze. Pero eso es otra historia.

A pesar de pocos halagos y muchos abucheos, otro americano que viene de la publicidad es Michael Bay (“Dos policías rebeldes”, “Transformers”), un tipo que ha creado escuela en esto de la publicidad y que a día de hoy nos sigue dando lecciones de cómo llamar la atención del ojo espectador…sólo hay que ver el spot publicitario que el señor Bay ha rodado para la firma de lencería Victoria’s Secret para saber porque ese hombre gana tanto dinero.

De Michael Bay podemos decir que trabajó para la reconocida empresa publicitaria Propaganda Films, junto con otros del calibre de Ridley y Tony Scott, Barry Sonnenfeld, Adrian Lyne, David Fincher, Michel Gondry, Spike Lee, Alex Proyas o Zack Snyder. Por supuesto, Bay trabajó para las grandes (Nike, Budweiser o Coca-Cola) y tanto él como los mencionados han vuelto y volverán a esto de hacer anuncios.

De Ridley Scott, del que se dice que ha dirigido más de 3.000 anuncios, hablaríamos de su trabajo para Apple en el famoso spot donde nos intentaba convencer del talante revolucionario de la marca recreando el universo literario del “1984” de Orwell. De hecho, el cine de Scott siempre ha tenido un estilo chic, de un esteticismo recargado muy parecido al de sus anuncios.
No es novedosa la inclinación de los directores de aquí y de allá (nacionales e internacionales) por el género publicitario, no sólo porque Don Dinero requiera de su presencia en spots de los que se espera una factura sobresaliente, sino porque la propia publicidad se adueña del cine imitando su ritmo, narrativa y utillaje estético. Hollywood es una vieja experta en sacar promesas del mundo publicitario y, al mismo tiempo, la publicidad se aprovecha para vender productos con un “el nuevo anuncio de…será dirigido por…”. A simple vista parece un intercambio de roles.

El concepto de cambio y transformación que se ha producido en la publicidad hacia algo parecido al cine, no hace sino demostrar que, en definitiva, sólo los terminará por distinguir su duración. Al fin y al cabo, ambos nos venden cosas, ambos son la misma ficción…sólo que quizá la publicidad es más honesta y nos lo confiesa al final de cada anuncio. ¿Qué nos hace la publicidad? ¿Por qué nos atrae y asquea al mismo tiempo? La respuesta puede que esté en esa declaración de intenciones que Tyler Durden, alias Brad Pitt, nos exponía en, precisamente, la película más conocida del ex publicitario David Fincher.

"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados". (El club de la lucha)

viernes, 11 de diciembre de 2009

La publicidad: el escaparate de la tele y el hermano pobre del cine

“El cine es un producto de consumo voluntario y deseado, igual que la publicidad.”

La “buena publicidad” es una hábil acrobacia. El término anglosajón freestyle se aplica normalmente a cualquier actividad musical o deportiva en la que los participantes son libres de utilizar el estilo (o, mejor dicho, style) que prefieran. Por ello, tienen una libertad total para competir y para ganarse los méritos a decidir por parte del juicioso público. En la publicidad, este concepto también se aplica y da lugar a un tipo de espectáculo audiovisual (breve por definición) que se ha vuelto tremendamente popular y en el que lo preciso y sencillo, compiten más que nunca contra lo enrevesado y “chanante”.

La publicidad se ha convertido en un pequeño escaparate de las nuevas técnicas en imagen, siempre que (como contrapartida) estemos dispuestos a ser engañados y a que nos vendan un “Bienvenido a un mundo perfecto”, un mundo que además se ha fijado más en el cine que nunca. Eso sí, sin tachar a los nuevos anuncios de poco originales. No falta ese sano ingenio resultado de tantos años intentando vender el mismo producto. Ahí es donde aparece la reciente campaña de octubre de una conocida marca de bombones que va directa al grano: “Este verano tampoco hemos vendido ni un solo bombón”. Por supuesto, debajo del delicioso chocolate de turno, aparece el sello de FERRERO ROCHER y MON CHÉRI, una empresa a la que le basta con “sacar el tenderete” en invierno para triunfar.

Ahora, con una crisis a la espalda, la publicidad se ha hecho, irónicamente, menos adulta. Se ha vuelto rabiosamente contemporánea y a veces termina por levantar ampollas. Sabe que el consumidor se coloca ante la televisión para observar, criticar, dejarse convencer y participar de la experiencia. No es extraño que más del 40% de los espectadores vea después los anuncios en las grabaciones que hace de sus programas favoritos. ¿El motivo? Sencillamente que hemos pasado a considerarlo como parte de la oferta de entretenimiento.

La publicidad nos recuerda a momentos, a músicas, a películas y a series. Gana en la proporción que es alegre, divertida, irónica, chispeante o tremendamente concienciada con el problema que toca, pero también en función de las influencias de las que bebe. Llamémoslo “homenaje”, llamémoslo “guiño” o “copia barata”, pero al espectador le funciona.

La zona oscura de la publicidad es imitar en exceso el estilo de las películas. En primer lugar, copiando su elegancia. Como Ian Fleming, sus novelas y las películas que las siguieron, la vieja publicidad convertía a las mujeres bellas en objetos. Ahora, es a través de la publicidad cuando aprendemos que en realidad las mujeres gozan de un gran poder. Los hombres son cada día más “pajaritos”: frágiles, pequeños y desconcertados.

La eficacia de la fórmula ha ido cambiando. Cada vez se apuesta más por el humor y menos por los brillantes decorados. Algunos, sin embargo, con un presupuesto más holgado, se recrean como siempre. ¿O quizá sea cosa de públicos? No es lo mismo vender una bebida energética para un fan de “Corre, Lola, Corre” que un perfume para una admiradora de “Desayuno con Diamantes”. Y es que la publicidad se mueve entre lo sensible y lo excéntrico.

Lo novedoso del asunto consiste en que la publicidad es, a día de hoy, una sabia mezcla de ambas fórmulas. Después de tanto tiempo agotando estereotipos y formatos, no le ha quedado otra que arriesgar.

La polémica siempre ha estado unida a la publicidad. No en vano los anuncios tratan de impactar y conseguir la atención de los consumidores, traspasando si es necesario barreras que damos por supuestas: no fomentar la violencia, actitudes xenófobas o discriminatorias, no resultar “sexualmente sugerentes”…o al menos demasiado. Todo forma parte de la extraña doble moral de la publicidad: está permitido hacerlo, quieren que se haga, pero no que se les haga responsables cuando los consumidores les apunten con el dedo y les obliguen a retirarlos. En papel, todo parece una buena idea, hasta que las asociaciones se lanzan contra ellos.

Es precisamente ese peligro lo que ha motivado que la publicidad, que suele ir a la cabeza de la creatividad, se haya fijado en géneros como el musical, la fantasía, la comedia de “golpes” y sitcom, el terror…clasificaciones que vienen más del cine que de la literatura. El cine es precisamente el auténtico generador de tendencias y de modas, y para la publicidad es una nueva musa.

No consiste en derrochar a espuertas el dinero para crear una minipelícula de 60 segundos. Lo que falta no es técnica, sino chispa. Aunque todos sabemos que la creatividad, la buena, resulta, por lo general, considerablemente cara. Un anuncio en el que el protagonista inicie una persecución de coches en plena vía madrileña gana más puntos para vender un auto que el de un padre preguntando a su hijo “si en el maletero del novio de su madre caben tantas piruletas”. Al fin y al cabo, como en el mundo del cine, se termina comprando el envoltorio y no la utilidad, a pesar de que la originalidad se puede aplaudir más en el segundo caso. Pese a todo en los últimos años hemos visto que los adornos ya no funcionan como antaño.

La publicidad lleva en nuestras vidas, como bien se suele decir a modo de falso panegírico, más de 60 años. Y como James Bond, volviendo a hacer una extraña comparación con este ídolo del cine, vive en un mundo curioso, un mundo en el que como apuntó Sprage de Camp al hablar sobre otro gran personaje de ficción, Conan, “todos los hombres son colosos y todas las mujeres hermosas, la vida es siempre una aventura y los problemas sencillos”.

Aquí cuando un anuncio no funciona se le llama “publicidad mal ubicada” o “target equivocado”. Como casi siempre, las pretensiones de “vender” están muy por encima de los logros en la forma de venderlo.

Hay anuncios que simplemente no funcionan porque resultan “demasiado intelectuales” como para quedarse con el producto y no con la idea. En palabras más elocuentes sería la calificación de un spot “que intenta transitar por la senda de lo ambiguo y termina despeñándose por el precipicio de lo obvio”, de acuerdo a una de esas críticas pedantes que pueblan los magazines varios. ¿Entonces cuál es la prometedora tendencia o sello de la publicidad moderna? ¿Qué espectador quiere ver ahora tipos fornidos y cosas que no entiende cuando puede ver a un tipo peculiar como él y gags a lo “Jerry Lee Lewis”?

Tirando del humor absurdo de la comedia cinematográfica o apostando por imitar (con su toque y a su manera) reconocibles escenas de cientos de películas, la publicidad ha logrado convertir 60 segundos de imágenes en una mordaz crítica o en un hábil camino para vender imagen de marca. Los tiempos del “toma el dinero y corre”, cuando apenas se premiaba la originalidad y los anuncios se convertían en atropelladas enumeraciones de calidad y cantidad, han pasado a mejor vida.

domingo, 22 de noviembre de 2009

'The Witch Over Haunted Hill'


Este dibujo es para ti Alicia. Tenía apuntado la deuda con tu cumpleaños.


miércoles, 18 de noviembre de 2009

'Conan'


Pintado por el grande Héctor Oliva. Gracias "man". En lápiz.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Adelanto de "Clash of The Titans" (2010) de Louis Leterrier

Treinta años después, la leyenda vuelve con un merecido lavado de cara.



Y pensar que dos de mis "obligatorias" para este próximo año son remakes: "Clash of the Titans" y "The Wolf Man"...No me reconozco. Aunque siempre nos quedará "Kick-Ass".

domingo, 1 de noviembre de 2009

“La Semilla del Diablo”: A través del armario / Cuando los directores de terror, venían de Europa

Título original: Rosemary’s Baby / Año: 1968

Dirección: Roman Polanski

Producción: Paramount Pictures

Guión: Roman Polanski (Novela: Ira Levin)

Género: Terror / Drama

Duración: 136 min.

Fotografía: William A. Fraker

Música: Christopher Komeda (Krysztof T. Komeda)

Reparto: Mia Farrow, John Cassavetes, Ruth Gordon, Ralph Bellamy, Sydney Blackmer

Casi una década antes de Richard Donner y “La Profecía” (1976), el director Roman Polanski orquestaba un visionario y oscuro thriller sobrenatural que creció con los escabrosos crímenes de la familia Manson y que remataba su saga sobre viviendas. El realizador francés de origen polaco conseguía dar forma a la segunda entrega de sutrilogía de los apartamentos”, una cruda visión de la particular realidad vecinal que abría con la soberbia y retorcidaRepulsión” (1965) y cerraba con la excelenteEl Quimérico Inquilino” (1976).

Como la cinta de Donner, “La Semilla del Diablo” ha pasado a ser otra película maldita que arrastra, hasta el día de hoy, una de las leyendas más negras de la historia del cine de terror. A los extrañas circunstancias de su rodaje (una Mia Farrow en plena depresión tras su divorcio con Frank Sinatra, la supuesta participación como asesor del autor de “La Biblia Satánica”…) se sumaron los brutales asesinatos de Sharon Tate, esposa de Polanski, y de sus amigos bajo la sangrienta bandera del “Helter Skelter”. El lobby satánico, encabezado por un popular Charles Manson, estaba indignado porque Polanski hubiera destapado la naturaleza de sus rituales, o quizá por haber sido retratados más como un grupo de jubilados entrometidos que como un verdadero culto que profetizaba el advenimiento del hijo de Lucifer.

El cine de terror psicológico impulsado por grandes cineastas como Alfred Hitchcock mantuvo bastante popularidad hasta finales de los años sesenta. El thriller, más artístico y filosófico, ganaba peso e interés frente al por entonces popular cine de la Hammer y de Terence Fisher (“Drácula, príncipe de las tinieblas” -1968-), piezas de horror retorcidas que presumían de sustos y sorpresas sangrientas, y que, al igual que el teatro, estaban realizadas con todo tipo de trucos escénicos y efectos ad hoc.

El terror intelectual y psicopatológico daba una alternativa más sana que la del terror amoral y vicioso, al mismo tiempo que el terror seguía como un género que permitía y aún permite poner en práctica todas aquellas cuestiones, especialmente las referentes al ámbito técnico o de realización fílmica, propias de la narrativa audiovisual. Y Polanski lo sabía.

Esta clase de cine ofrece además muchas posibilidades desde dirección y montaje. Por lo general, se trata de un espectáculo violento que implica el movimiento hiperactivo de la cámara y el uso de planos y ángulos bastante peculiares. A la hora del montaje esto se traduce en la yuxtaposición de imágenes, el montaje caótico y desordenado (incluso diatópico) y una estructura narrativa anárquica que mucho comparte con lo ingenuo y excéntrico de la historia. Muchas veces, y como podemos ver en “La Semilla del Diablo”, las tomas de cámara pasan de ser fijas a ser controladas completamente por el operador. El uso de la cámara manual se convierte así en un recurso clave para captar el dramatismo y para crear esa curiosa, y a la vez morbosa, sensación de desasosiego y excitabilidad que pretendía el realizador con este peculiar drama.

Dentro de este campo, el de la dirección, Polanski hace un magistral uso de la planificación de tomas y de la utilización de la cámara en las escenas oníricas. La recurrente escena del barco es posiblemente la ensoñación filmada más lograda de la historia del cine, una cumbre de lo retorcido y lo obsceno, de la “mala sangre” del director, pero sin caer nunca en lo escandaloso o explícito. Mucho de su mérito viene de otro departamento: el de la fotografía.

La dirección artística trata, con mucho éxito, de imitar las películas fantasmagóricas de Roger Corman, haciendo de “La Semilla del Diablo” otra cinta que se recrea en el horror psicológico y la “sensación LSD” de las ensoñaciones de Rosemary Woodhouse (Mia Farrow). De hecho, esta inquietante y efectista historia, que hizo de Polanski el director de moda, nos regala mucho en cuanto al estilo de Polanski: “un realismo extremo, pero estilizado”, como lo etiquetaban Richard Sylbert o William A. Fraker, respectivamente diseñador de producción y operador jefe del filme.

La misma fórmula del director de “Vértigo” (1958) se entrevé en las rarezas de Polanski tras la cámara. Así, de la misma forma que nosotros veíamos tras los ojos de John Stewart en la cinta de Hitchcock, aquí cuando un personaje observa lo que hace otro en la habitación contigua el punto de vista es respetado al máximo. Y es que durante la película se intuye que Polanski juega con dos puntos de vista: el propio del personaje de Rosemary (el del espectador), y el de la casa, de sus vecinos observándola y observándonos a través de cualquier recoveco. Aunque los mayores logros vienen, no de su ingenio para ponernos en la piel del personaje de Rosemary, sino de la habilidad de Farrow para que creamos que a ella “le pasa algo” y en la incómoda música con la que lo adelanta en los créditos de inicio.

Al margen de lo estrictamente técnico, la originalidad de la cinta viene de su peculiar reparto y de la “supuesta” gran capacidad de Polanski para dirigir a los actores de su película, consiguiendo incluso extremar la rareza y la desesperación del personaje de Mia Farrow, aunque llegue a rizar el rizo chistoso. Sin embargo, puestos a hablar de “personajes excéntricos y perturbados”, es otro de los personajes femeninos quien debería llevarse los aplausos: Ruth Gordon. La que hiciera de esa vecina “metomentodo” llamada Minnie Castevet para Polanski, después nos sorprendería de nuevo con la comedia romántica “Harold y Maude” (1971), demostrando que –como ya pasara con “La Semilla del Diablo”- la actriz seguía demostrando maneras y que como secundaria –al igual que el resto de “sectarios de la vecindad”- era más protagonista que la que “madre” que da título a la película. Tiempo después Álex de la Iglesia se fijaría en ello para “La Comunidad” (2000).

En lo que se refiere a la música, el genial y tristemente fallecido Christopher Komeda (Krzysztof T. Komeda) acompaña la película con unos títulos de crédito en los que se impone la ironía y la doble lectura. A finales de los sesenta, las comedias románticas habían alcanzado su declive, pero su memoria seguía viva. Los créditos color rosa y de estilo cursi más “románticos” aparecen en “La Semilla del Diablo”, deformados, claro está, por esa nana siniestra y hermosa que nos canta a nosotros y a su “bebé” una angelical Farrow, y que no preludia nada bueno. ¿El resto de la banda sonora? Un amenazante, a ratos elegante y versátil, repertorio de tétricas melodías.

El argumento de “La Semilla del Diablo” copia terrores baratos, truculentos y clásicos. Polanski, tan europeo como conservador en esto del terror, rompe con la esencia y tópicos del “nuevo género”, y su mayor dogma: “Si creas un monstruo, has de enseñarlo”. Así, Polanski consiguió que no fuera “la audiencia” la que viera al hijo del Diablo, sino “el hijo del Diablo” quien miraba a los espectadores de la película. Un plano, tan desconcertante como tosco y chapucero, que se aprovecha de nuestra imaginación para crear una criatura más macabra y perversa que la que pudiera habernos enseñado. A diferencia de otros géneros, el terror se dispone a engañar al espectador, estando abocado a una pesadilla que le desborda y le encoge el ánimo como nunca ante la pantalla. El auténtico terror tiene como máxima “sugerir”, nunca enseñar.

Detrás de “La Semilla del Diablo”, tras esa misma cerradura por la que observa al final de la película el personaje de Mia Farrow, se oculta una dura reflexión sobre el género. Polanski nos habla de la nueva y universal verdad del cine de terror. Casi toda la ficción de horror empieza con una vida rutinaria que es desquiciada por la aparición del monstruo. Una vez eliminado el monstruo, todo vuelve a la normalidad. Sin embargo, esa realidad no es válida para nuestro mundo. No podemos destruir al monstruo porque el monstruo somos nosotros, o en este caso, crece en nuestro interior. Clive Barker, uno de los más respectados autores del “new horror” aseguraba que no hay peores monstruos que las personas con quienes nos casamos, o con quienes trabajamos…o que engendramos.

domingo, 25 de octubre de 2009

Conan y el culto a la serpiente


"Crom!" A ver cuando saco tiempo para pintarlo...Bam bam bam.

viernes, 23 de octubre de 2009

"El Hombre Tranquilo": Un romance, un combate

Título original: The Quiet Man / Año: 1952
Dirección: John Ford
Producción: Republic Pictures
Guión: Frank S. Nugent, Maurice Walsh
Género: Drama
Duración: 129 min.
Fotografía: Winton C. Hoch & Archie Stout
Música: Victor Young
Reparto: John Wayne, Maureen O'Hara, Barry Fitzgerald, Victor McLaglen, Ward Bond

Hablar de John Ford es hablar de un nombre a tener en cuenta dentro del cine americano y sus tres décadas doradas, los años 30, 40 y 50. Muy apegado al país que le vio “nacer” como cineasta, Ford cultivó su estilo en un mundo, el del western americano, con el que podría dar rienda suelta a su consumado patriotismo y afecto a lo yankee. Pero no por ello todo en su filmografía tenía que ser inspiradoras historias del espíritu pionero y de caballería.

“El Hombre Tranquilo” (1952) sería la comedia épica y romántica de John Ford, un sentimental y nostálgico tributo a su herencia irlandesa con la que el realizador de los mejores westerns americanos se recrea en un technicolor que chirría saturación para las localizaciones en Irlanda. Una inocente comedia de enredo cuya puesta en escena venía de la mano de Frank S. Nugent, adaptando la novela de la escritora Maurice Walsh “Green Rushes”.

El legendario director de westerns ya había demostrado su nervio en otros géneros con el galardón al mejor director en “El Delator” (1953) o “Las Uvas de la Ira” (1940). Con ésta fábula norteña, la que nos ocupa, ganaría su quinto óscar como mejor director, amén de otro galardón para su “fotografía en color” y 7 nominaciones entre las que se puede mencionar el reservado a la mejor dirección artística, una muestra más de la buena factura técnica, méritos y reconocimiento de éste, su trabajo más personal.


La memorable historia, sobre la colisión por un puñado de dólares, o mejor dicho, por una dote de 350 libras irlandesas de oro, entre un anti-materialista, un irlandés-americano boxeador retirado llamado Sean “Trueno” Thomton, contra Will (McLaglen), el tacaño hermano de la pelirroja Mary Kate Danaher (O’Hara), termina como una extraña y feliz tragedia griega con dos hombres, que bien perfectamente podrían ser deidades contrapuestas, luchando por el favor de una tercera diosa.

Por supuesto, al ser más ambiciosa y personal que los típicos westerns de Ford, el realizador se encontró con las complicaciones de sacar adelante un trabajo tan alejado de lo “rentable” para la mayoría de estudios del momento en Hollywood. Para ello, Ford acudió a la pequeña productora Republic Pictures, un estudio más recordado por sus cintas de serie B, que terminó por apadrinar el proyecto.

El cine clásico, y por extensión “El Hombre Tranquilo”, es resultado de tiempos más sencillos para el cine. Ford se apoya en amanerados diálogos, no tanto en sus dotes y logros como realizador, haciendo un sobrio y sencillo uso de las posibilidades narrativas de una historia donde el recurso más atrevido son las disoluciones y elipsis. La cinta hace gala de ese sello especial inconfundible y tradicional que eran los planos americanos y ocasionalmente cortos, el technicolor, un lenguaje cinematográfico muy estricto o el encanto heredero del cine mudo, de su interpretación, especialmente a la hora de que las actrices se recreen exageradamente en una reacción femenina.

La película abre, después de una cálida secuencia de créditos, con el protagonista, un “yanqui” de ascendencia irlandesa, llegando a la estación de tren de la localidad de Castletown. La acción es narrada desde entonces en flashback por un personaje fuera de pantalla, el padre Peter Lonergan (Water Bond), un devoto pescador que regala quizá los momentos más divertidos de la película por su indiferencia y que participa casi como “narrador homérico” de la acción. Pero la estrella de la cinta sería otra, el vaquero republicano más famoso de todos los tiempos, John Wayne.

El hoy olvidado protagonista de “La Diligencia” (1939) se animaría a protagonizar otra película de su director predilecto, esta vez encarnando a un gigante de los pesos pesados que cuelga los guantes y jura no volver a pelear. El irlandés Sean Thompton representaría el álter ego en pantalla de John Ford y daría forma, a través del “masculino” Wayne, a un héroe reconocible y cansado que busca un momento de tranquilidad, un alejamiento de la aventura, o en el caso de Ford, del cine belicoso y de oeste.

En la otra hoja de esta farsa de equívocos se encuentra la fortaleza y testarudez de la irlandesa Mary Kate, una mujer que Ford convierte, casi por necesidad para continuar la trama, en objeto de deseo, de conquista y de recompensa. Los méritos en la interpretación de Maureen O’Hara (otra de las favoritas de Ford) pasan inadvertidos cuando se descubre el peculiar y aparente mensaje de la película. “El Hombre Tranquilo”, como sus personajes, se mueve entre ser abiertamente machista y conservadora, o pretenciosamente liberal y moderna.

El discurso pro-machista/pro-feminista juega con extremos: “¿Qué es una casa sin una mujer? (Una casa) No es nada sin una mujer”, “¿Dónde estaríamos nosotros (los hombres) sin mediar una mujer?”, “Ten paciencia y no le sacudas hasta que sea tu marido y pueda devolverte los golpes”… La mujer fuerte que nos sorprende domando a Wayne al principio de la película pasa incomprensiblemente a ser sumisa…quizás por el poderío y carisma de este “vaquero irlandés” que termina invocándola con el grito de “mujer de la casa”. ¿Qué nos quería decir Ford? ¿Es en realidad “El Hombre Tranquilo” un feroz ataque al machismo, incluso contra la misógina tradición de los “northlands” irlandeses? Para encontrar la respuesta debemos avanzar hasta el final de su metraje.

En un montaje presentado como el popularmente conocido “curtain call”, o la llamada a escena del reparto para recibir el aplauso del público, los actores principales de la película se muestran y, precisamente, saludan por última vez. En la escena final, ese cierre “de película” con la imagen de una “harmónica postal”, Mary Kate y Sean son de nuevo una feliz y sonriente pareja frente a su casa. Entonces, Ford aprovecha para destapar su bastante protegido y oculto mensaje: el de la igualdad de sexos incluso en las sociedades y tradiciones más arcaicas y conservadoras, como es la suya propia. Sean, con la misma vara que una anciana le da para “domar” a su mujer, acepta las rarezas de su esposa. Entonces, Mary Kate le susurra al oído. Es ahí cuando, para rechazar de forma simbólica la idea de que él la domina como marido, ella agarra el palo y se aleja de él. Sean y Mary Kate juguetean y finalmente caminan juntos hacia la casa, como respectivos iguales, acompañado del clímax: “The End”.

Por supuesto, este momento tan idílico y absurdo, como lo son los decorados de la película que rallan la postal campestre, es lo que redondea la cinta como “comedieta” romántica disfrazada de melodrama. “El Hombre Tranquilo” termina resultando una crítica menos sutil y más amable contra la “lucha de sexos” que la que haría después otro director que vino del western: Sam Peckinpah, y su “Perros de Paja” (1970).

“El Hombre Tranquilo” es el reflejo de una época más ingenua para el cine, cuando todo se arreglaba con un apasionado y forzado beso frente a la cámara, incluso las inseguridades de una testadura mujer irlandesa. En definitiva, una sátira más y otra cinta que venden como un espléndido clásico.


jueves, 22 de octubre de 2009

In memoriam...Joseph Wiseman (1918-2009)


Se va uno de los grandes villanos de la historia del cine.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Dosis de sabiduría (XXIX)

"Si quieres darme un premio, genial. Pero no me hagas ir a la fiesta de después."
-John Cusack.


"El Beso del Asesino"

Título original: Killer’s Kiss / Año: 1955

Dirección: Stanley Kubrick

Producción: Stanley Kubrick y Morris Bousel

Guión: Stanley Kubrick y Howard Sackler

Género: Drama / Cine negro

Duración: 93 min.

Fotografía: Stanley Kubrick

Música: Gerald Fried

Reparto: Frank Silvera, Jamie Smith, Irene Kane


Como uno de los más universales, influyentes y aclamados directores de la era de posguerra, Stanley Kubrick disfruta de una reputación (buena para muchos, mala para algunos) difícil de igualar entre los nuevos cineastas. Como realizador, trabajó más allá de los confines de Hollywood, manteniendo un control artístico completo sobre su gran obra, y trapicheando con un vasto cerco de estilos y géneros, desde la comedia negra al terror, el crimen o el drama. Kubrick es, como varios críticos afirman, un enigma, un misterio que construía por medio de sus películas como una reflexión de su obsesiva naturaleza, su perfeccionismo, y su provocativa visión del cine. Pero fue en 1955, con ésta, su segunda película como director después de “Fear and Desire” (1953), cuando el director estadounidense daba sus primeros pasos en una industria a renovar.

En “El Beso del Asesino” hay ciertamente una toma de control por Kubrick, aunque por supuesto menos abierta y evidente que en sus siguientes cintas. Es una historia pulp, un siniestro film noir que nos confiesa el triángulo amoroso entre un mediocre púgil, la prostituta de la que se enamora y su psicótico jefe. Una de las pocas historias “originales” firmadas por la mano de Kubrick y de Howard Sackler, con él que ya había colaborado para su primer largo, y en la que de nuevo retoman los bajos deseos del ser humano, lo psicológico y lo sentimental de sus personajes.

Precisamente, el cine de Stanley Kubrick es tan admirado por su emocional e intelectual fuerza, orquestado como una perfecta combinación de belleza y narrativa. Como director, Kubrick ha evolucionado en sus películas desde un sujeto enamorado a un cineasta en guerra, consigo mismo y con una industria que se movía en lo fácil. Por ello, la obra de Kubrick ofrece una marcada psicología que juega con el existencialismo, amén de mezclar elementos del socialismo, el pragmatismo y el machismo.

La dramatización de Kubrick de lo existencial, de “esa falsa realidad”, unido a una ideología clásica del cine, una expresión a medio camino entre el cine noir y el existencialismo pop que Kubrick descubrió durante sus años de fotógrafo, resultan en está tímida historia de amor que el realizador mostraba con más orgullo para su “debut”.

Curiosamente, Kubrick construye la composición para “El Beso del Asesino” desde su óptica de artista. Todos los tópicos de las historias y personajes del buen pulp tienen lugar en su puesta en escena: el púgil santurrón, la curvilínea chica florero en peligro, el ambiente decadente del viejo Nueva York, sus apestadas calles…Nos muestra unos personajes que chocan, movidos por sus propias ambiciones, mientras al mismo tiempo reconstruye un Nueva York lúgubre, solitario, de los bajos fondos, apurando la iconografía que toma del cine negro, de los años 30 y de las películas de gánsteres.

Para construir ese “mundo” en blanco y negro, escribe una historia montada sobre sus personajes, sobre el silencio, sobre las miradas de una inquietante y dolida Gloria Price (Irene Kane) que se dibujan en pantalla como una viñeta de revista detectivesca.

Sin embargo, adentrándonos más en lo técnico y poniendo en evidencia las rarezas que le marcan como director, Kubrick no nos regala tanto de su estilo propio. Por ejemplo, no recurre a su encuadre favorito, el ángulo en el que la cámara abarca la cara del personaje (un marco visual que empezó a usar en posteriores trabajos), para ser más cumplido con el género, más consecuente. Además, a nivel de realización, luce un montaje más vago y menos errático, más correcto con la época que con la tendencia más estrambótica y experimental que daría sello y estilo a su filmografía.

Abre su relato de forma torpe, con un plano del púgil Davey Gordon (interpretado sobriamente por Jamie Smith) que se demuestra como casi premonitorio, anticipado. Continúa con el flashback y la voz en off, recursos hábiles y sencillos de un director que comenzaba a tocar la realización audiovisual: planos detalle, escenas construidas a través de la pincelada y el “teatrismo”…y sobre todo, montadas al modo “Hitchcock”; es decir, dos planos o niveles de acción en el que el fondo aparece como otro foco de atención sobre el que seguramente atraerá nuestra atención el protagonista.

De esa forma, los encuadres de las escenas se convierten en auténticas instantáneas, representaciones visuales del momento que pretenden captar la acción como si de un cuadro o una fotografía se tratara. Para ello, Kubrick sucumbe además a la ambientación, no sólo escénica, sino también musical. La película está muy cerca de compararse a una improvisación de jazz, con sus altibajos y momentos de desconcertante ritmo. No en vano se sirve de la partitura musical y de instrumentos como las trompetas o las cajas para conseguir esa estética retro neoyorkina que pretende en muchas escenas. La imagen de Frank esperando en el tren mientras suena el tema musical, o al final, presupone uno de los interludios musicales que recrean los sentimientos de los personajes. Precisamente es en esas escenas de aparente musicalidad donde triunfa sobre el mero ejercicio de estilo.

Así, Kubrick se deleita en el momento cumbre del cine negro de los años 50 y en los gastados y melancólicos personajes de gabardina y cigarro. La culpa del personaje de Davey atraganta al espectador, al mismo tiempo que lo desconcierta, ofreciéndole imágenes de impactante dureza, no tanto por el asombroso realismo que pudiera mostrarnos Kubrick en trabajos como “La Chaqueta Metálica” (1987), como por la carga emocional con la que da peso a su historia, a la historia de alguien que se ve obligado a matar en esa ciudad solitaria, hecha para sufrir, en donde “era momento de demostrar que su mentón se había fortalecido”, aprovechando la metáfora del boxeo, de una prueba de resistencia personal con dos personajes recibiendo los golpes que les da la vida.

Se destapa que Kubrick ve “El Beso del Asesino” como un hábil experimento y tanteo con las maneras de “hacer cine”. La secuencia climática donde el boxeador Davey y el mafioso Vincent Rapallo (Frank Silvera) pelean a muerte en la fábrica de maniquís permanece como una secuencia esencial de la carrera de Kubrick, balanceándose entre lo espontáneo y la pose, o lo que es lo mismo, la construcción de la escena a la manera fotográfica. Los maniquís permanecen como pasivos espectadores de la persecución a punta de pistola. Entonces, los antagonistas pasan a una más masculina y primaria pelea, a hacha y lanza. Es interesante pensar en el hecho de que todos los maniquís tengan forma de mujer. La pasividad femenina de estas figuras y la activa masculinidad viene a darnos una extraña lectura sobre las intenciones de Kubrick con la escena, de nuevo un retrato frío y crudo que viene del más puro cine noir y de las revistas de temática detectivesca que hablan más de la brusquedad y aberrante muestra de masculinidad en sus páginas y cuentos, que de historias de amor sinceras.

No hay ninguna duda de la estrategia narrativa de Kubrick tanto en esa como en la secuencia de cierre de la película. Kubrick, siempre un realizador intelectual (sin negar las connotaciones negativas de dicha cualidad de las que su obra a veces abusa), saborea los mitos familiares y oscuros del viejo cine, y del poder casi dominante del hombre sobre la mujer en el género, algo que ya deja a entender con sentencias de sus diálogos como: “Es un error confundir lástima con amor” o “ella estaba tan asustada que se aferraría a cualquier cosa”, incluso a un perdedor como Davey.

“El Beso del Asesino” es un título casi profético. Todo termina con los labios de sus protagonistas fundidos en el abrazo. Los labios de este asesino son dulces, pero no reflejan ni conciencia, ni delirios de moralidad…ni remordimientos. Quizá un juicio con el que también podamos marcar a esta película.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Bat Out of Sitges

Regreso a la rutina. Si pudiera quedarme con el clima de San Sebastián, el trabajo de Sitges y las calles de Zaragoza para una misma utopía personal...sin olvidar el encanto de Londres.
Buenos momentos en la edición de este año, buena compañía (incluido el "abrazable" Alien) y casi 40 estrenos vistos. Nos vemos el próximo año en el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Cataluña, Sitges '10 y el aniversario de 'Psicosis'.

Mientras, algunas instantáneas. ¿Las críticas? Este año "exprés" cada día en www.twitter.com/ReverendoGore. Sólo tenéis que buscar el día.

1. Profesión: Cortadores de entradas.


2. Amigos de poliestireno.




3. Zona de trabajo: Las puertas del terror.


4. El abrazable Malcom McDowell...y las horribles pintas después de horas de trabajo. La cámara es mi enemigo mortal.


5. Recuerdos de San Sebastián (calcados de las famosas tarjetas de puntuación bien regaladas) y otros. En mi defensa diré que había más...y que los pegué por toda la mesa de la recepción.


6. La evolución lógica de la acreditación en estos 3 años (izq.: 07, cent.: 08, der.: 09).


miércoles, 30 de septiembre de 2009

"Boy George proud of..." / La magia del blanco y negro

Y tras este momento George Michael -con chapa de Hello Kitty incluida- (gracias Silvia, foto voyeur)...Volvemos a la realidad. De festival en festival con estos dos tipos. Los tres perfiles menos buscados. "El Bueno, el Feo y el Malo". Y siempre me gustó Tuco...

martes, 29 de septiembre de 2009

Rendido al Twitter

Seguidme en Twitter. ¿Tan aburrido estoy que he caído ante una red social?

Dios...Mis ancestros deben estar revolviéndose.

Firmado: Nacho F. Lasheras

Próximamente: Críticas express desde el Festival de Sitges en http://twitter.com/ReverendoGore.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Vuelta del Festival de San Sebastián / Camino a Sitges


De nuevo un año más amanezco a escasos días de partir a Sitges, hacia ese extraño y peculiar Festival de Cine Fantástico y de Terror del que ya me veo como "buque insignia". El arte de
cortar entradas es como el buen kung fu.

Vengo con los dolores de piernas, espalda y de ojos que me ha dejado el Festival de San Sebastián. Otra excusa para mi repentina desaparición (esto de recorrer mundo mata por dentro...normal que David "Bruce/Hulk" Banner hiciera autostop siempre). En esta agonía física y mental de tener que soportar películas en las que (siendo secos como el café sólo y negros como sus posos) "he tenido que aguantar personas andando hacia ningún sitio durante dos horas y media", la ciudad me deja con un agradable sabor de boca: ver 'Inglorius Basterds', disfrutar de sorpresas como 'Yo, También' o 'Daniel y Ana', echar de menos su loco clima, y, en especial, pinturrajear tarjetas del jurado joven por una buena, agradable, interesante y bella razón.

Ahora, rehago la maleta para ir a Cataluña, otra de esas porciones de España en la que mis dos idiomas preferidos (normal y con tacos) no sirven de nada. El aniversario de 'Alien', la estela de 'Cazafantasmas' y Malcom McDowell nos esperan. Os veo en las puertas del Auditori entre el día 31 de septiembre y el 12 de octubre...pero esta vez...¡Yo tengo el poder! (Ahora la silla de mi escritorio debería convertirse en un tigre superanfetaminado de color verde).

miércoles, 16 de septiembre de 2009

He's like the wind...Patrick Swayze, descansa en paz


¿A quién le traeremos sandía ahora? Patrick Swayze se lleva nuestro corazón adolescente...Sniff.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

'Lobezno vs Otra vez Laura'


La rutina hace estragos en mi imaginación. Sólo hay que ver el anterior... el número 1. Caduco el Photoshop, así que habrá que buscar otra manera de terminarlo. Sigue siendo una forma interesante de "reconstruir" mi día a día. Espero que Marvel no me denuncie...o mejor dicho, Disney, ahora que la compañía megalomaniaca del viejo Walt se ha hecho con la inocente empresa comiquera.
Nota mental: Mover el dibujo al centro, añadir la cabecera y rematar con logos, bocadillos y demás parafernalias para llenar los espacios. Y borrar esos malditos sombreados del escáner...

domingo, 23 de agosto de 2009

'Spartacus: Blood and Sand', la nueva serie de Sam Raimi

La ComicCon de este año nos ha guardado muchas y gratas sorpresas. Una de ellas ha sido la soberbia presentación del próximo éxito en teles norteamericanas (¿alguien lo duda?) que nos viene la mano del director Sam Raimi...sobra decir que es el director de trilogías con nombre propio como 'Posesión Infernal' y 'Spiderman', y de vueltas a escena con mejor gloria con 'Arrástrame al Infierno'.
El éxito en cuestión lleva el nombre de 'Spartacus: Blood and Sand', adaptación a televisión del sangriento y censurable cómic basado en las obras y "milagros" del gladiador romano convertido a héroe, que tan popular convirtiera Kirk "Mentón Titánico" Douglas.
'Spartacus: Blood and Sand' huele a calco terrible de la serie de HBO 'Roma' y del '300' de Zack Snyder. Sangre, sexo, cámara lenta y algun que otro sano desmiembre. Tampoco me extrañaría que tuvieramos las cañeras composiones de Tyler Bates para poner ritmo a la acción.
¿Habrá alguien que se queje? Yo creo que no. Veremos si se repite el buen logro de los comienzos de 'Hércules' y 'Xena', también a cargo de la producción de Raimi...'Spartacus...' también nos promete ver el buscado desnudo de Lucy Lawless, o como dirían en cierto capítulo de Los Simpsons: "¡No soy Xena, soy Lucy Sinley!".
¿Impresionante? Yo lo veía hace unas semanas por primera vez en alta definición y se me desataron las sandalias de golpe.

viernes, 21 de agosto de 2009

'Otra vez...Otra vez Laura' (edición en color)



Sigo pensando que sería un cómic horrible...

jueves, 20 de agosto de 2009

'Avatar'

Hay cosas que sencillamente son perfectas o díficiles de explicar con palabras. Un servidor se siente como un niño imaginando cómo será ver ese mundo. 'Avatar', de James Cameron. Diciembre.


lunes, 17 de agosto de 2009

"Human...after all"

La lluvia ácida caía de nuevo sobre Ciudad Metal.

¿Por qué no le disparaste?-preguntó.
Él respondió secamente: Porque, después de todo, seguía siendo humano.

sábado, 8 de agosto de 2009

In memoriam...John Hughes (1950-2009)


El pasado 6 de agosto nos dejaba uno de los mejores directores de los 80. Nos ha dejado para recordar tantos buenos momentos.
Pocos vieron el mundo de los adolescentes como él. No te olvidaremos John.

domingo, 2 de agosto de 2009

"Otra vez Laura"


Sería un cómic horrible...¿Persiguiendo a Amy? Más bien, huyendo de ella.

jueves, 9 de julio de 2009

Dosis de sabiduría (XXVIII)

“La pareja es cuestión de suerte. Pienso que es algo totalmente fuera de nuestro control. Sólo un feliz accidente puede conseguir que dos personas que se quieren lleguen a encajar perfectamente las piezas para así poder disfrutar de toda una vida."


-Woody Allen

miércoles, 1 de julio de 2009

Oasis-The Masterplan



Esperando una vuelta a Londres que tarda en llegar. Codiciando sus calles y su lluvia seca. Mientras, descubro un jersey marrón (un color que por uno u otro lado me tranquiliza y me hace añorar la canción de Van Morrison y seguir buscando unos ojos así), me tomo un tiempo para tumbarme, desordenarme el mechón de la frente y hacer lo contrario con las ideas que rondan por mi cabeza. Entonces comienza a sonar Oasis.

"Will dance if they want to dance
Please brother take a chance
You know they're gonna go
Which way they wanna go
All we know is that we don't know
What is gonna be
Please brother let it be
Life on the other hand won't let you understand
Why we're all part of the masterplan"

lunes, 22 de junio de 2009

Ça recommence


El confundido hombre le ayudó a levantarse. Tenía la mano caliente y seca, pero a ella no le importó esta vez. Sólo escuchaba su voz aspera parafreseando elegantes palabras. "Será mejor que mires hacia otro lado, pequeña". Fue lo último que se atrevió a decirle. Después escuchó el sonido de un disparo y de algo blando, rosado y pegajoso que se rompía dentro de ella.
Bang.

lunes, 8 de junio de 2009

Volviendo de Transilvania


Y esa es la razón de mi repentina desaparición...

-N.

(Aclaración: Sí, me fui a Transilvania...concretando, a Cluj-Napoca. Fue como ir a unos 90 alternativos donde el comunismo hubiese triunfado)

jueves, 16 de abril de 2009

Delilah (technicolor)

Y fue en ese momento cuando me cansé de intentar pintar el dibujo...

jueves, 9 de abril de 2009

Delilah


¿Tom Jones?

martes, 7 de abril de 2009

Sansón y Dalila


Sin Sansón y sin Dalila. Sólo es que me parecía un buen título. Arrugando manos.

jueves, 26 de marzo de 2009

Trailer de 'Where The Wild Things Are'



Un gran libro infantil de Maurice Sendak en manos de Spike Jonze. Apostemos por una gran película.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Alternancia bloggera


Cuando no haya actualización, pasaros por Medio Sandwich. ¿Qué es Medio Sandwich? Pues la versión de actualidad mundana y corriente de Geektorium.
Es un aviso, o quizá una amenaza. ¡Dadle visitas!

lunes, 9 de marzo de 2009

Dosis de sabiduría (XXVII)

"Excelsior!"
-Stan Lee.

jueves, 5 de marzo de 2009

Cosas audiovisuales hechas en 1 minuto


Repasemos: 'World Wild Web', 'Huertos de oro', 'Vuelo barato' y 'Ella quiere venganza'. Van a ser cuatro minutos muy cortos.

Fotografía de Adriana Ortiz.